Pocas noticias resultan tan impactantes como relación entre Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa. Las entradas en la red se multiplican por minutos, porque lo realmente impactante de la relación entre ellos, son sus edades: 64 Isabel y 79 Mario.

Un amor absurdo, inadecuado, alejado de toda lógica y, además, infiel. Sin embargo, no sucedería nada extraño si restásemos 40 años, un premio Nobel y 3 matrimonios a la situación. En ese caso serían dos enamorados comunes, paseando de la mano, cenando juntos y mirándose a los ojos mientras se descubren a sí mismos, preguntándose quienes son. El boom mediático proviene del currículo, la sorpresa del calendario.

Los ancianos no se enamoran, no se besan ni se acarician ni tienen futuro; eso todo el mundo lo sabe y, es por ello, que corren ríos de tinta y de píxeles. Sin embargo, no tenemos más que acercarnos a cualquier centro de la tercera edad para comprobar que es una realidad cotidiana. Las viudas de ministros y de los #Famosos, se ponen un velo negro sobre el rostro y renuncian al mundo. Un premio Nobel no anda ligando con modelos. En ellos todo es inadecuado. No hay nada salvable.

Sin embargo, es una situación cotidiana a la que vamos que empezar a acostumbramos, a la que vamos que tener que hacer frente junto a otras revoluciones imposibles en el mundo civilizado, como el amor entre personas del mismo sexo, como las primarias en los partidos políticos, el diálogo entre opuestos y los premios en la observación del cambio climático.

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Ya no hay otro camino.

Isabel y Mario destruyen, a su paso, el convencionalismo que nos atrapa como una mazmorra medieval: cada uno en su espacio, atados, tristes y alejados. El amor entre Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa es ilegal, es inmoral y, seguro que les engorda. Pero, además, son el mejor ejemplo de libertad y del libre albedrío (asunto sobre el cual acostumbra a filosofar Mario), que pueden ofrecernos estos supuestos tiempos convulsos que andamos viviendo.

El amor triunfa, y ese es el mensaje de Isabel y de Mario. Triunfa sobre el tiempo, la lógica y la inercia. Triunfa sobre el desamparo en el que se han convertido las familias, las relaciones de amistad y las sociedades llamadas civilizadas.

No hay vuelta atrás: Grecia no existe, ni el FMI ni el BCE ni siquiera Europa o el cambio climático. No hay deudas porque a ciertas edades ya se han amortizado todas las inversiones y se han pagado todas las facturas.

Da igual la opinión de los hijos, de los amigos, de la familia y de la sociedad. Vivir es eso que nos pasa día a día y que carece de sentido sin amor, sin entusiasmo, sin futuro.

No queda tiempo. La vida nos espera sin rendirse, mejor que no nos rindamos nosotros ante ella.

Me extendería, pero tengo los caracteres controlados. La belleza es imperdonable, al igual que la inteligencia y una alianza entre ambos es mucho más de lo que la mayoría puede soportar. Gracias Isabel, gracias Mario.