El año pasado nos quedamos todos boquiabiertos con la lección de saber hacer y saber comportarse cuando se iba a celebrar el referéndum por la independencia de Escocia. Ver como cada bando afrontaba sus convicciones, y sin el menor ramalazo de radicalismo, ni de insultar al contrario, ni desear su muerte, ni nada.

Cada uno se preocupó de convencer a sus votantes, los del Sí a la Independencia escocesa y los del NO. Alex Salmond por un lado y David Cameron por el otro.

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Incluso gente famosa, escocesa de nacimiento, aunque por su residencia no pudiera votar en Escocia, como los actores Sean Connery y Ewan McGregor.

Al final ganó el No, y los independentistas del Partido Nacionalista Escocés lo aceptaron con total deportividad.

Alex Salmond dimitió por haber fracasado, sin rencores. Gran Bretaña prometió a Escocia mejoras en su manera de vivir para que volvieran a sentirse a gusto en suelo británico. Algo difícil, pues Escocia fue hasta la Edad Media un Reino importante por su cuenta, y no se olvida.

En Catalunya nos gustaría ver algo parecido. Al menos por parte del partido político que más defiende la españolidad de Catalunya: el PP. A cada líder que ha tenido, todos han competido por cosas negativas más que positivas. Aleix Vidal Quadras destacó más por su voz de Vito Corleone que por sus dotes diplomáticas para llevar algo tan delicado como que Catalunya se sienta o no a gusto dentro de España, más bien inexistentes.

Sus sucesores no lo hicieron mejor. Después de varios intentos, más bien patéticos por su escasa incidencia, cuando entró Alícia Sánchez Camacho, la cosa mejoró, e incluso se llegó al éxito de tener dos alcaldías en dos pueblos importantes catalanes de la periferia barcelonesa, Castelldefels y Badalona.

Pero este éxito duró poco: la irrupción de Ciutadans, no sólo a nivel catalán sino estatal, ha diezmado tanto al PP que ha perdido esas dos alcaldías y sólo le queda la de Pontons, con un alcalde más digno de un filme de Berlanga que de un partido moderno que quiere gobernar en Catalunya.

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Y la Sánchez Camacho ha acabado engullida por este desastre.

Finalmente, desde Madrid han decidido jugársela al todo por el todo en estas elecciones catalanas donde Catalunya puede pensar por sí misma de verdad, pero la elección parece desesperada. ¿De verdad Xavier García Albiol es el adecuado para que el PP gane, o para quitarle votos a la derecha moderada catalana, tanto la de Artur Mas como la aparentemente próxima de Albert Rivera?

Catalunya no es Madrid, de eso no se entera el PP, que se cree que cualquier lugar del país es como el Distrito madrileño de Salamanca, lugar de ricos en donde los pobres estorban. Albiol actúa como uno de esos ricachones que ven peligrosos a quienes no sean como ellos. Su fuerte no es la diplomacia, y nos tememos que provocará más de un lío.

Catalunya es distinta de Madrid hasta en el sentido del humor, más próximo al inglés o al francés que al español. Se creen en Madrid que han encontrado un candidato "de altura", pero sólo por su estatura, de haber jugado en el Joventut de Badalona. Si con alusiones de inmigrante igual a delincuente cree que ganará… por esa regla de tres, serían delincuentes los inmigrantes españoles en Alemania, donde encontraron mejor vida que aquí.

Es más, los mejores candidatos para el PP catalán, y con apoyo seguro de la gente, habrían sido Josep Lluís Núñez y Joan Gaspart, ex Presidentes del Barça y del PP, pero su antimadridismo irreductible les hubiera desacreditado en Madrid.