Frecuentemente salen en las noticias cómo imperios de la #Moda han basado sus cimientos y han amasado sus inmensas fortunas a costa de trabajadores en precaria situación laboral en países tercermundistas. Es de todos conocido que de esta manera consiguen reducir los costes y con ello los beneficios son muchísimo más millonarios. De esta manera una de las mayores fortunas del mundo, un español, Amancio Ortega, fundador y presidente de Zara ha conseguido acumular a lo largo de los años millones y millones de dólares. Tiene los talleres en varios países del tercer mundo y con ello se ahorra mucho dinero en el coste de los trabajadores.

Pero el caso que nos ocupa ha sucedido en un país en el que muchos persiguen el llamado "sueño americano", #Estados Unidos.

La situación se produce cuando un antiguo trabajador presenta una demanda multimillonaria en un tribunal de Nueva York acusando a Zara de discriminación además de un despido improcedente. Este antiguo empleado pide la cifra de 40 millones de dólares. En dicha denuncia declara que lo despidieron textualmente por judío, estaudounidense y gay.

Además dice que recibió correos electrónicos con material pornográfico, lo echaron de reuniones sin motivo alguno, le redujeron el salario y finalmente lo despidieron de manera inusual después de llevar siete años en la empresa.

La demanda va dirigida en concreto a Moisés Costas que es exconsejero delegado de Zara en Estados Unidos y hacia Dilip Patel que es el director gerente. Miller que así se llama el demandante asegura que los ejecutivos se intercambiaban correos electrónicos "racistas" en los que el presidente Obama, aparecía con un capirote de Ku Klux Klan y la bandera confederada o Michelle Obama, su esposa, sirviendo pollo frito.

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También afirma que no habló de su origen judío por el racismo de la empresa y menciona polémicas como la de los "bolsos con la esvástica" nazi o los "pijamas de rayas" y denuncia que al saber que era judío "todo cambió".

Si todo ello es cierto y la demanda llega a buen puerto, este antiguo empleado se hará millonario y con toda seguridad callará la boca. 40 millones para una multinacional como Zara es una mota de arena en el desierto, pero ¿qué ocurre con los cientos de personas que trabajan en los talleres en diferentes países y que lo hacen en condiciones lamentables?. Los gobiernos deberían tomar cartas en el asunto y no dejar que unos pocos se enriqueciesen con la sangre de otros.