Durante el tiempo que va durando la crisis, que ya es mucho, nos han ido diciendo de todo, lo que les ha venido en gana, de un lado y de otro. Cuando un trabajador quería comprarse un coche, cambiarse de casa, o irse de vacaciones, le han querido hacer creer que, y he conocido gente que todavía lo piensa, vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Las personas empezaban a pensar en otras cosas muy alejadas del dinero, hasta que un buen día nos vimos las caras con una jugada magistralmente vil del capital.

La batalla de siempre, de pobres y ricos, unos que viven a costa de otros, y que aseguran cándidamente ser los creadores de riqueza. Últimamente incluso nos hacen el favor de poner el pie en su fábrica u oficina, a cambio de unas cuantas horas de trabajo mal pagado o gratis, para que vayamos cogiendo práctica, qué demonios. Y yo me pregunto si es que soy yo raro, o si por el contrario el empresario español nos hace la burla.

Y ahora me toca ponerme serio, porque con este trato los que pierden son los mismos de siempre. Os hacemos el favor de trabajar durante horas en vuestro negocio, horas de nuestras vidas, entregamos lo más preciado que tiene un ser humano, ¡el tiempo!, por un sueldo menos que humilde. Ya hablaron de reducir el miserable sueldo mínimo a los jóvenes, ¡están llenos de brillantes ideas!

La carga la llevan sobre sus hombros todos aquellos que no tienen escapatoria. Porque hay gente con muy mala suerte que enfrenta el fracaso cada día, hoy que está de moda hablar de la voluntad, de los superhombres, del éxito, ¡qué me escuchen!, hay gente con muy mala suerte, lo repetiré cuantas veces hagan falta, y al final hay que ganarse el pan y los garbanzos, sobre todo si de ti depende una familia...

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Toca tragar con ruedas de molino, llevar el peso que nos han puesto sobre las espaldas injustamente, como el trágico burro, incapaz de deshacerse de la carga que le han impuesto, y seguir hacía delante, salir y salir, cada vez más cansados o viejos, pero hay que salir y dar batalla, porque es importante darla, aunque la rueda gire del lado contrario, y aunque el mundo sea hoy la vergonzosa fiesta de unos pocos.