Manuela Carmena es la nueva alcaldesa de Madrid, ilusionada pero concienciada con una tarea que no será sencilla. Las esperanzas en ella son grandes para sus votantes y a decir verdad, también para muchos que no la votaron, que pese a que su candidato no saliera, esperan con curiosidad como va a ser esta nueva era que se abre en el consistorio madrileño.

El ayuntamiento de la capital dejó un asunto sin resolver, la fiesta del orgullo gay. Tanto la capital como el barrio se benefician desde hace unos cuantos años de la gran cantidad de visitantes que acuden a los festejos. Pese a la gran cantidad de dinero que proviene de los visitantes, los inconvenientes se vienen sucediendo, ruidos y suciedad que tienen a una parte de los vecinos demandando un mayor equilibrio entre el ocio y el respeto por todos los vecinos.

Complicado será contentar a todos, Jorge García Castaño (concejal de distrito centro) tendrá una dura labor para llegar a un acuerdo con ambas posturas y contará con la nueva alcaldesa que intentará que la cordura reine en una problemática que no termina de tener una salida satisfactoria.

El principal punto de discordia es el volumen del ruido emitido. La ordenanza municipal marca un límite de 45 decibelios, el cual puede ser modificado hasta llegar a 90 decibelios como medida límite. Los vecinos han ido denunciando la superación de las medidas marcadas en la ordenanza y con ello llegaron las multas.

En 2010 alcanzaron los 35.000 euros para la organización de la fiesta y la multa en 2013 ya alcanzó los 160.000 euros. Con estas elevadas multas, es de imaginar que la organización del evento esté interesada en abrir vías para poder llegar a un entendimiento, tanto con vecinos como con el ayuntamiento.

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En 2011, incluso como medida de protesta, se llegaron a celebrar conciertos en los cuales el público llevaba auriculares. Una idea que causó sorpresa pero que lógicamente no pasó de aquella edición. Este año el desafío estará en comprobar si los nuevos bríos de Ahora Madrid servirán para dar solución a ese problema de tantas ciudades y pueblos de nuestro país, conciliar el derecho a la fiesta con el del descanso de los ciudadanos.