Es curiosa la forma en que Caracas maneja sus relaciones públicas internacionales. Es incomprensible la amplia agenda propagandística de Nicolás Maduro en la creación de una matriz de opinión sobre una conspiración en su contra, mientras que el país que dirige (como si a eso pudiese llamarse dirigir) pasa por la peor crisis económica de todo el continente americano.

Ejemplo claro de ello es el manejo mediático que ha dado a las intenciones de Felipe González de intervenir en la defensa de los derechos humanos, específicamente de los presos políticos más notorios en Venezuela: Leopoldo López, líder de la oposición; y, Daniel Ceballos alcalde de la ciudad de San Cristóbal, depuesto de forma ilegal.

Sobre la crisis venezolana se han pronunciado diversidad de ex presidentes como Jorge Quiroga, Andrés Pastrana, Óscar Arias y hasta la presidenta Rousseff. Aún así, el centro de atención de la propaganda revolucionaria venezolana ha sido Felipe González.

Es graciosa la situación generada. ¿Cómo puede una sola personalidad política puede despertar tanto miedo y tanta torpeza en un gobierno en decadencia? Con estas acciones el gobierno venezolano se sigue desprestigiando ante la opinión pública internacional, mostrando gran temor ante su incierto futuro inmediato y las venideras elecciones.

Sin pretensión de alabar a González, debe decirse que Maduro le ha acusado de todo: de injerencista, a pesar de no ser representante legítimo del Reino de España; se le ha tachado de conspirar junto con el ex presidente colombiano Álvaro Uribe, a pesar de su amistad con Juan Manuel Santos, actual presidente de Colombia y enemigo político de Uribe.

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Tarek William Saab, Defensor del Pueblo venezolano, le acusó de haber vulnerado los DDHH durante su mandato en España, graves acusaciones protestadas por ese país por carecer de sustento y veracidad.

El gobierno venezolano ha posicionado tendencias en Twitter como #FelipeFueraDeAquí, ante el arribo de González a Caracas en medio de un operativo de seguridad en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, sin precedentes en el país. Ante las trabas de las autoridades a su labor, González decide partir a Colombia en un avión facilitado por el presidente Santos para conversar sobre el proceso de paz con las FARC. De inmediato el aparato mediático bolivariano hace tendencia la etiqueta falsaria de #FelipeHuyóDerrotado.

Esta última situación ha generado una protesta de Venezuela al gobierno de Colombia, llamando Maduro al embajador de esa nación para que dé explicaciones. Esto resulta extraño proviniendo de un mandatario que viaja en aviones de Cubana de aviación y facilita asistencia aérea a Evo Morales y a Manuel Zelaya.

Resulta llamativo el ensañamiento de Maduro con España. Primero fue con Rajoy y ahora es con González. Son de sus conspiradores predilectos, miembros de esa imaginaria tríada Uribe-EEUU-España, que sirve de distracción a la triste y evidente realidad venezolana, ya imposible de esconder detrás de discursos y propaganda. Una realidad que se sostiene por esas complicidades políticas que se diluyen con el precio del petróleo.

La obsesión con González ha dejado claro que López y Ceballos son presos políticos sin acceso a garantías fundamentales como la visita y la defensa. También hizo evidente la grosera sumisión de los poderes públicos venezolanos al poder madurista.

Gracias a Felipe González por sus intenciones. Gracias por tocar el nervio autoritario del gobierno de Caracas y dejarlo en franca evidencia.