Vivimos en una sociedad donde los convencionalismos están tan definidos, que cualquier individuo que se tuerce en el camino establecido se le mira con recelo. Afortunadamente, esta tendencia está a la baja y en las últimas décadas, las sociedades desarrolladas están dando un giro de 360 grados dónde se prima el talento, la creatividad y el no ser cómo todo el mundo. Está de moda ser diferente.

Pero como todo, el ser diferente también se convierte en un convencionalismo. Por tradición, por cotidianidad, dicen que hay unas normas sociales establecidas que dicen cómo vestirse, donde ir en tus ratos libres, con quién debes emparejarte.

Unas supuestas normas que se empezaron a quebrantar desde el comienzo del siglo XXI. A casi cualquier persona mayor de 70 años, ver a un joven con un pendiente en el labio o mejor aún, ver a una niña con media cabeza rapada, le valdría una necrosis miocárdica fulminante. Porque hay cosas que nunca se pueden aceptar, y más después de haber vivido cuarenta años de una dictadura represiva e intolerante.

Los jóvenes de ahora ni de lejos son los jóvenes de hace veinte años, ni incluso diez, que digo, ni siquiera cinco. La sociedad avanza tan deprisa que el vértigo sentido es tan grande que coger aire casi es imposible. Hace unos días, el activista y concejal del ayuntamiento de Madrid, Pedro Zerolo, nos dejaba a causa de un cáncer, su lucha fue la de una persona por cambiar las injusticias sociales y equilibrar la balanza, casualmente este año se celebra el décimo aniversario desde que la Ley del Matrimonio Igualitario fue aprobada por el gobierno socialista de Zapatero y de la cual Zerolo fue su gran impulsor.

Vídeos destacados del día

"España jamás llegó puntual a la cita con la igualdad y aún así fuimos los primeros", con esta frase, Zerolo nos insta a que el cambio es posible aunque siempre hayamos sido los últimos de la fila. Diez años de Libertad que casi nadie podría creerlo, ni los jóvenes que se muestran tal y cómo son, sin que nadie les diga con quién besarse o cómo vestirse, ni aquellos que viven anclados en los convencionalismos decimonónicos y no dejan avanzar el progreso. No hace falta que se suban al barco de evolución, simplemente la vida los deja en un segundo plano.

A fin de cuentas, nadie debe decirte cómo ser feliz, ni cómo ser en general. Te puedes equivocar, puedes cometer errores, pero la vida es caer y levantarse. No dejes que nadie decida por ti, no sigas cómo rebaño de ovejas con vendas en los ojos al pastor del convencionalismo, libera tu creatividad y muestra que ser original es la nueva norma. Hacer las cosas que nunca nadie haría y creer que puedes hacer de este mundo, un mundo más feliz. Ese es el mayor derecho que jamás tendremos: la libertad.