Durante el franquismo, lo más que se permitía a la gente de este país sobre #Libertad de expresión era en el fútbol, y si Catalunya quería protestar por la opresión que sufría, el Barça era esa válvula de escape. Ello se convirtió en una tradición, algo que el inefable ex director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, fue incapaz de comprender, llamando nazis a todos los barcelonistas en un ridículo tuit antes de un Barça-Real Madrid.

Gracias a esto, se pudo denunciar el apoyo descarado del franquismo al Real Madrid en muchos aspectos, que hizo lamentarse a muchos catalanes como el escritor Manuel Vázquez Montalbán (él llegó a insinuar en una de sus novelas de Pepe Carvalho que el Barça debería jugar en una Liga extranjera para poder ganarla sin trabas extrañas). El clímax de esta protesta llegó con el penalti de Guruceta en 1970, sobre el cual, los madridistas aun reaccionan considerándolo un héroe.

Hace años, el desaparecido actor Pepe Rubianes dijo a su manera que no le interesaba nada el manido tema de la “unidad de España en peligro”, con su habitual lenguaje sin tapujos, que consideraba una exageración sin ningún fundamento, esperando que los que sacaban el tema se aburrieran de él, y recibió ataques despiadados de la caverna ultraconservadora hasta su muerte por cáncer de pulmón en 2009. Consiguieron cancelar las cuatro representaciones de su obra teatral “Lorca somos todos” en el Teatro Español de Madrid, entonces dirigido por Mario Gas, por presiones asfixiantes en su contra.

El sindicato CCOO se atrevió a representarla en su auditorio, aunque bajo amenazas que recordaban trágicas épocas pasadas. CCOO sí demostró libertad de expresión, por querer que los madrileños vieran una obra de indudable interés social, más allá de las palabras puntuales de su autor. Es como si el PP hubiera querido prohibir la proyección en España de una película de François Truffaut por que el gran cineasta era un mujeriego incorregible. Nunca boicotearán a otro maestro del cine, Alfred Hitchcock, más de su gusto, pese a que era peor que Truffaut en su visión de las mujeres y que incluso llegaba a justificar en sus filmes sutilmente lo que a ellas les pasara.

Pero lo que últimamente se ha puesto de moda en Twitter ha sido atacar despiadadamente y con aires de superioridad a futbolistas catalanes que celebran triunfos en el extranjero llevando la bandera catalana, como Cesc Fàbregas celebrando la Liga inglesa ganada con su equipo actual, el Chelsea de José Mourinho, o por que Andrés Iniesta, castellano-manchego, utilizara de vez en cuando el catalán. O al político Albert Rivera, que aunque desterró la lengua de Joanot Martorell de su Twitter, le atacaron unos fascistas por que alguna vez la utilizó.

Por no hablar de que cuando alguien tan poco sospechoso de independentista como Jordi Évole lamenta de que se esté hablando desde hace días de la pitada obsesivamente, reciba ataques poco sutiles en su cuenta de Twitter con respuestas como “los judíos hemos de acostumbrarnos a ser escupidos por la raza superior”, como si los judíos fueran los que tanto se rasgan las vestiduras por lo del otro día. Évole lamenta que se hable del tema para tapar otros, como el miedo que le ha entrado a la derecha, sea española o catalana, con que Ada Colau y Manuela Carmena lleguen a ser alcaldesas de sus ciudades, recibiendo la segunda toda clase de calumnias. #Rey Felipe