Dos años han pasado desde la muerte en 2013 de Chávez, víctima del cáncer. En este periodo Venezuela ha alcanzado los peores niveles económicos registrados y proyectados desde que el líder de la revolución bolivariana iniciase su periplo político e ideológico.

Hoy gobierna el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), fundado por Chávez. El PSUV ejerce el poder político en todas las instituciones del Estado. A la cabeza del ejecutivo está Nicolás Maduro, designado por Chávez como su sucesor; Diosdado Cabello con mano férrea gobierna el poder legislativo amparado en la mayoría del chavismo.

En el poder electoral se encuentra Tibisay Lucena quien participó activamente del luto por el fallecimiento de Chávez, despertando graves dudas sobre su imparcialidad como árbitro electoral; y, en el poder ciudadano, la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, hizo lo propio enarbolando consignas revolucionarias y actuando como una fiscal política.

Este panorama puede cambiar, pues el PSUV enfrenta este 2015 unas elecciones parlamentarias en la que la mayoría de las encuestas vaticina una victoria holgada para la oposición que, a pesar de sí misma, aprovecharía la debacle de la popularidad del chavismo, con apenas un 25 % de apoyo.

Aún cuando no hay fecha cierta para el proceso electoral, la situación económica del país caribeño parece ser un detonante para la debacle revolucionaria, que después del fallecimiento de Chávez ha mostrado fracturas ideológicas e incapacidad gerencial para manejar la estructura político económica instaurada sobre el ya inexistente alto precio del crudo.

Los críticos de la izquierda revolucionaria acusan a Maduro y Cabello de haber dilapidado el legado de Chávez, traicionando los principales ideales instaurados por el líder de la revolución.

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En las calles venezolanas se escucha a los seguidores del partido rojo repetir: "Esto con Chávez no hubiese sucedido."

Hay una constante exaltación de la figura del caudillo, a pesar de que solo a él puede endosársele la responsabilidad de la Crisis venezolana actual. La crisis actual no es más que la consecuencia directa de las políticas empleadas por el ex presidente Chávez quien, de forma autoritaria y demagógica, dilapidó el erario público y fue connivente con el desfalco de los excedentes petroleros.

Al politizar las fuerzas policiales y militares, Chávez perdió el control del orden público en la frontera, las prisiones y sobre la delincuencia común, haciendo de Venezuela uno de los países más violentos del orbe. La corrupción de alto nivel sale a la luz con las investigaciones sobre lavado de dinero que vinculan a Venezuela con los casos de Andorra y Suiza.

La propaganda mediática venezolana busca, de forma incesante, mostrar a Chávez como un nuevo Simón Bolívar, llevando el mito de su legado más allá de las fronteras nacionales, como si se tratase del nuevo mesías de la religión izquierdista, revelador del secreto del Socialismo del Siglo XXI.

Ocultan así la realidad del verdadero legado de Chávez: crisis económica, autoritarismo y corrupción.

La situación que vive Venezuela tiene como único responsable a este mesías que fue el director de las políticas erradas de efecto cortoplacista que no previó el posible desplome de los precios del petróleo. Chávez se valió de los excesivos precios del crudo para generar una burbuja de subsidios e importaciones que crearon altos niveles de gasto, hoy insostenibles para sus herederos políticos, quienes sufren el verdadero legado del Comandante.