Un político, cuando cree que ha llegado a lo alto del mundo, a la cima. Cree que todos deben de adorarlo por sobre todas las cosas... Y si eso no sucede, entonces... tremendo. Dejará caer sobre esos insensatos sus rayos coléricos y los mandará a los infiernos.

Algo así le está sucediendo a Susana Díaz.

Hereda la corona de su antecesor. Este, decide refugiarse en el Senado madrileño ante los aires de persecución que corren por Sevilla a los políticos relacionados, de una forma u otra, con ciertas cuentas equívocas. Puede que no tan equívocas.

Y ella, decide anticipar las elecciones andaluzas un año sobre lo previsto.

Esto cuando parece que se va a estremecer hasta lo más profundo la estructura nacida del 75. Cuando la ciudadanía parece estar cansada de unos políticos que se dedican a expropiar todo lo que encuentra a su paso, que han esquilmado el tesoro nacional y todo lo conseguido por la ciudadanía en largos años de luchas y sacrificios. Y este estremecimiento se va a dar con una serie de convocatorias de elecciones un tanto largas; primero municipales, seguida de autonómicas y por últimos, las nacionales.

Y en medio de este marasmo electoralista, llega Susana. Primero tira de la bancada a su aliado de la legislatura, IU, y hace suya algunas de las reivindicaciones de esta. Convoca, no sabemos si convencida de que se va a comer el mundo o, si sabe que el PSOE en el resto del país está en fase de descomposición y quiere salvar lo que resta del mismo en sus “campamentos de invierno”, unas elecciones anticipadas.

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Y para sorpresa de ella, no tanto para otros, se abre el abismo a sus pies. Su partido es el más votado, pero si nos ponemos a comparar los votos con los otros partidos y también con respecto a otras elecciones, el voto no ha sido tan bueno como ella pretendiera (de hecho es el peor resultado electoral de dicho partido en Andalucía). Hay quien dice, en capillita, que los varones provinciales están con la mosca detrás de la oreja con el asunto. Y nadie quiere pactar con ella.

Lo cual es de una lógica que se cae por su propio peso. En primer lugar convocó apresuradamente, según los mentideros políticos, para pillar con el “paso cambiado” a los llamados “partidos emergentes” (de hecho ninguno de los dos estaban preparados para el tema). Pero, en segundo lugar, hay quien opina, que ella no ha alcanzado su objetivo (se habla de que pretendía usar los buenos resultados de Andalucía para lanzarse sobre Moncloa, dejando en el camino a su compañero madrileño). Pero, a tenor de encuestas varias, ha salvado al PSOE nacional del cataclismo que todos los analistas preconizaban.

Pues dicen que es el partido que mejor parado va a salir. Y tercero, teniendo en cuenta la larga lista de elecciones, personalmente encuentro lógico que ningún partido quiera pactar. Aún no se sabe con quien hará falta pactar en ayuntamientos, otras autonomías y por fin, en la Carrera de San Jerónimo.

Con la fama de tirana y soberbia que se ha creado, con su escasas dotes de humildad y con su prepotencia ¿le queda mucho futuro político?

En el fondo creo que ha hecho una particular versión del himno de Andalucía. En aquello de “Sea por Andalucía Libre, Iberia y la Humanidad” ha efectuado un pequeño cambio: “Sea por S... libre, S y su fraternidad”...

Eso si, los santones nacionales de su partido, los Intocables, autocolocados en paradisíacos empleos, claman y gimen por la injusticia que los andaluces hacen con su candidata a Califa. #Política Sevilla