No podía creer lo que estaba viendo en el último programa Viajando con Chester. Pepa invitaba a Cristina Cifuentes, candidata del PP por Madrid, y a Ángel Gabilondo del PSOE [VIDEO]. He de admitir que era la primera vez que veía el programa, y yo tenía una opinión francamente buena de la presentadora; además, pensando en los invitados, me pareció muy interesante la confrontación de posiciones.

Debo comenzar diciendo que la Sra. Cifuentes me parece una candidata excelente, lo mismo que el Sr. Gabilondo, quien por cierto, es un caballero, con discurso pausado, equilibrado y sensato. Hago primero esta reflexión, porque aunque soy de derechas, pongo en su justo lugar a quien lo merece aunque sea de izquierdas.

Comenzaba la entrevista a Cifuentes y había que ver la gestualidad y la expresión facial de Pepa: era como si quien estuviera entrevistando a Cristina fuera La Parca pero que en vez de guadaña, arremetiera contra la invitada con la hoz y el martillo. Apenas dejaba contestar a Cifuentes, le interrumpía constantemente para forzarla a entrar en los asuntos más escabrosos del PP, sin darle tiempo a plantear lo que sería lo lógico en un tiempo electoral: exponer su programa para Madrid. Los rictus de la cara de la Bueno la convertían en una especie de Medusa que pretendiera petrificar el mensaje de Cristina y sólo mostrar lo negativo de su partido.

Llegó el momento del Sr. Gabilondo, él, como siempre, tan comedido y con verbo elegante. Y he aquí que la presentadora pasó de ser Odette a ser Odile; se puso convenientemente un babero para recibir a Gabilondo, tocó levemente y sin consecuencias los gravísimos problemas del PSOE, le dejó hablar sin interrupciones, su rostro se dulcificó en un éxtasis seráfico, y sólo le faltó ponerle a Gabilondo un cirio en cada lado y pasar el cepillo al equipo del programa.

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Pocas veces he visto tanta indignidad, falta de profesionalidad y descaro. Sólo comparable con las intervenciones televisivas de Doña María Antonia Iglesias, que, aunque ella siempre lo ha negado, era más comunista que Lenin, y sólo le ha faltado ponerse la hoz y el martillo de peineta y bailar La Internacional a ritmo de chotis con Santiago Carrillo (Que Dios lo tenga donde mejor le convenga). Es la intransigencia, el sectarismo, la violenta oposición a la disidencia, la absoluta falta de pluralismo que caracteriza a la Izquierda.

Yo me quedo con una Cifuentes ubicada y funcionando, y con un Gabilondo respetuoso y honesto. Entonces: ¡Dejemos que decida libremente Madrid!