El sábado por la mañana asistí al meeting de Ada Colau. O debería decir al de Pablo Iglesias, patrocinando a una tímida Ada Colau. Fui porque lo hacían en mi barrio, y para ver en directo al tipo que dicen que va a cambiar el bipartidismo en España. No me gustan los meetings, y si voy, que nunca voy, es para analizar discursos.

No sé. El de Pablo me pareció un poco prefabricado. Ya solo de la manera en que se presentó, con tejanos, descamisado, su decimomónica coleta a lo Curro Jiménez y exactamente el mismo tono de voz que le oigo en las televisiones... me inquietó su intención de querer aparentar "tanto" ser un hombre corriente. 

No digo que no sea sincero -a todos los políticos por el hecho de serlo les robamos la presunción de inocencia y ya les colgamos el San Benito de corruptos y estafadores- pero su discurso se refugió en los manidos temas de siempre, salpicados de frases que sus cronistas acuñarán como titulares para periódicos.

Algunas perlas: "La patria de los corruptos Rato y Pujol -por lo que nos toca aquí en nuestra casa- es el dinero!", o  "llamaremos a los ladrones por su nombre y  a la cara: Ladrones!!!".

Desconfío de los políticos o la gente que acuden al aplauso fácil espoleando a las masas. Y él sabe tocar las teclas para que sus aplausos suenen fuerte al final de sus máximas. Su brazo derecho Monedero dejó las primeras filas por eso, porque no quería que Pablo le convirtiera en carnaza televisiva. Yo ahí no escuché ningún programa. No entró en lo qué quieren hacer, sino a quién quieren desbancar. Me sonó a discurso de universitario que nunca ha salido de su despacho ni ha trabajado 8 horas seguidas cinco días a la semana. Y por cierto, Pablo esquivó el soberanismo en el que tanto estamos metidos como un torero.

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El torero del independentismo

En cambio, cuando le tocó el turno a Ada Colau, que se confesó novata y aturdida por competir con políticos del calibre de Trias, fue más sincera, y sí pasó de refilón el tema de la Independencia, desde el "Derecho a Decidir". A mí Ada Colau me gusta. Se la ve más natural, y si hasta este viernes los sondeos ("que los encarga el diablo", dice Pablo) dicen que somos unos 300.000 barceloneses los que aún estamos indecisos, yo ya no lo estoy, y la voy a votar. Porque al final acabamos votando a las personas, y no a los partidos. Es cuestión de química.

He oído que Podemos a algunos les recuerda a una versión descafeinada de lo que era el PSOE en sus inicios, al despertar de la democracia española. Habrá que esperar qué ocurre cuando lleguen al poder o pacten lo que pacten, y con quien, qué pasará. De momento uno se puede afiliar a Podemos ("empoderízate", te dicen) por internet para ir viendo lo que pasa. Es gratis. #Elecciones #Política Barcelona #Crónica Barcelona