Lo están haciendo peor que cuando Al Qaeda cometió los horrorosos atentados del 11-M, donde murieron 192 personas de todas las religiones y nacionalidades, cuando cometieron el error de tratar de convencer a la gente de que fue ETA y jamás la organización terrorista de Osama Bin Laden. ¿Se acuerdan? Llegaron incluso a ir llamando uno por uno a los corresponsales extranjeros en España para convencerles de ello.

Pero la corresponsal de Le Monde se mosqueó, su diario ya tenía la experiencia del franquismo y los ataques de la dictadura contra su periódico, y avisó a sus colegas corresponsales. Ahí empezó a desmontarse la farsa.

Si entonces fueron tan chapuceros, ahora lo han sido más. Hace pocos días, Jorge Fernández Díaz hablaba en mítines o reuniones con la Guardia Civil acusando a la Generalitat de Catalunya y a los Mossos d'Esquadra de haber calumniado a la Policía española. Los Mossos le acusaron de haber enviado un soplón a avisar a los yihadistas de que los iban a detener. Les dijo de todo, con esa prepotencia de quien se cree Dios para acusar a todo el mundo de que todos son indeseables, menos él mismo, claro, digno totalmente de que su Dios le nombre su sucesor el día que se jubile.

Pues ahora los Mossos han detenido a tres hombres misteriosos que habían robado una estelada catalana que estaba en la Rambla de Figueres. Al interrogarlos, han descubierto que eran tres militares españoles.

Aún no ha habido ninguna reacción del Ministerio del Interior ni de Defensa.

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Algunos creen que pasará lo mismo que con los indeseables que han atacado varias veces la librería catalana Blanquerna de Madrid cada 11 de septiembre: sólo una detención corta, una leve multa y la santificación de sus correligionarios.

Sobre lo del encontronazo por los yihadistas, horrorizados como estamos desde hace meses al ver no sólo el patrimonio histórico arrasado sin piedad por estos fanáticos que condenarían al Infierno al mismísimo Alá por que sería un hereje para ellos, horrorizados igualmente al ver que cuesta detenerlos y que obtienen generosamente armas incluso de los que dicen combatirlos, esa jugarreta por desprestigiar a un adversario político por cuatro votos que puedan desviar a su partido es una irresponsabilidad, que para describirla no puedo encontrar adjetivos adecuados, pues hace tiempo que dejé de creer en el bueno buenísimo.

Más lamentable ha sido aquello de que recurran a poner en el mismo saco a yihadistas e independentistas, tal es su obsesión en combatir a quienes no piensan como ellos.

Se creen superiores. Llevan meses con estas mezclas absurdas que desconciertan a la gente que no sabe de qué va el rollo éste. Lo peor es que otros partidos políticos, incapaces de encontrar maneras mejores de ser más votados, se han apuntado a decir cosas todavía peores. Por ello, ya no me creo la perorata de ningún político, todos van a vender su producto faltando a la verdad, y cuanto más sórdida sea, mejor. Me recuerda a cierto político del PP, que cuando habla de un ex dirigente del PSOE acusado de violencia de género, siempre lo alude añadiendo la frase "Acusado de violencia de género". Como si en su partido no hubiera ninguno, ya que esto no entiende de ideologías y cualquier ser humano puede ser así con las mujeres.

Y mientras, los yihadistas que deberíamos combatir unidos, frotándose las manos mientras que los políticos sigan divididos y peleándose, como cuando los asesinatos de ETA. Hombre, aquí había más unanimidad en acabar con ellos, pero el miedo a perder el poder que tanto les costó recuperar, influidos por la soberbia, el rencor y la envidia de Aznar, les ciega en lo islamista. #Terrorismo