Referirse a la nostalgia del Nokia es aludir, porantonomasia, a la del mismo celular, aquel primer asombro por la máquina inalámbricaque conectaba dos hablantes a la distancia. Recuerdo que hacia 1996, los rústicosaparatos Motorola, que fueron los primeros en salir, colgaban de las pretinasde una privilegiada minoría. Desde luego que en mi niñez – y obvio que para eladulto promedio- aquel ostentoso terminal tamaño ladrillo, era tan altamentecodiciado como inaccesible.

Como naturalmente los tresprimeros modelos portátiles (Motorola DynaTAC 8000X, Motorola International3200, Motorola MicroTAC 9800X) no alcanzaron a cruzar de manera considerable lafrontera del primer mundo, fueron los modelos posteriores al Nokia 011, el primerteléfono masivo en usar tecnología GSM, los que se instalaron en lasaspiraciones para las navidades noventeras.

Como ciudadano promedio nacido afinales de los 80, tuve primero que ver muchos Nokia ajenos, irradiando eseverde característico, alumbrando bien en la pantalla a blanco y negro, bien através de las gruesas teclas, o de manera intermitente cuando la víbora dellegendario juego Snake, se mordía parte de su cuerpo y fin de la partida.

Y es que el juego de la culebritamerece alusión aparte. Seguramente el primer juego para celular que todosdisfrutamos: Reunía los ideales del videojuego: simple, al tener que engullirla comida en el camino, y adictivo, en la medida que se avanzaba de nivel,mientras aumentaban el volumen y la velocidad de la culebra, a la vez que sereducía el espacio disponible. Como con todo juego popular, la lisonjallega al recordar la manera cómo se extendió, tanto así que los ejecutivos deNokia decidieron incluirlo en todos los dispositivos desde 1997.

Pronto, laentretención alcanzó la celebridad, guardadas proporciones, del mismísimo SúperMario Bross.

Aún recuerdo mi primer teléfono,un vistoso Motorola C 331, adquirido en promoción tras la compra de untelevisor, o viceversa, no recuerdo; y que terminó tempranamente olvidado en eltecho de una chiva (bus) rumbera. Pasarían varios modelos hasta el momento deadquirir mi primer Nokia 1100, ya en la universidad, cuando la tecnología depunta le era propia a los móviles.

Tenercelular había pasado de ser un lujo a un artículo de primera necesidad.

Creo equivocarme poco al afirmarque todos tuvimos nuestro romance con éste, él celular más vendido de lahistoria y su populoso juego. Sencillo, utilizado únicamente para entretenimiento,mensajería y telefonía, era (o es, pues aún abundan) tan práctico que lopodíamos manejar con los ojos cerrados. Y ni qué decir del aditivo que representóla linterna, también aparecida por primera vez en el gran móvil.

Han pasado ya, los días, luego deque Microsoft compró la división de móviles de la firma finlandesa, pero pasará un buen tiempo para queestos duraderos teléfonos y su amplia gama, dejen de alumbrar los carrillos delos usuarios, o el reconocido ‘Nokia tune’ deje de vibrar estrepitosamente,contra la mesa de noche. 

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