El 24 de mayo se celebraron las elecciones autonómicas y municipales en España. Estas provocaron la existencia de pluralidad política e ideológica dentro de las urnas e instituciones, dejando de lado la mayoría absoluta que hace cuatro años presentaba el panorama político español. La pluralidad pretende llevar a la creación de pactos entre partidos para evitar que el mapa geográfico vuelva a teñirse de azul, pero ¿estos pactos llegarán a un acuerdo beneficioso para la ciudadanía o quizás revuelvan, todavía más, el panorama actual?

El Partido Popular consiguió alcanzar la mayoría de votos en gran parte del territorio español, a pesar de que otros partidos aglutinasen fuerzas y ganaran numerosos escaños.

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Los pactos entre partidos están surgiendo en la mayoría de localidades para evitar que el PP vuelva a gobernar aunque, tal y como pasa el tiempo, esta situación no genera demasiada confianza.

La acción de pactar ha supuesto crear una nueva campaña electoral, puesto que la anterior ha sido destruida por los mismos que la crearon. Su narcisismo por adquirir el bastón de mando ha llevado a la situación de tirar piedras contra su propio tejado (gracias otra vez refranero español). En España se respira peor ambiente en la situación política y de Gobierno que en la popular saga Juego de tronos (Martin, G. R. R.; 1996).

Mi visión de estos aspectos se centra en localidad de Alicante. Sánchez Zaplana (la Suni, PP), con 8 escaños, compite contra el tripartito que forman los concejales del PSOE, Guanyar Alacant y Compromís. Ciudadanos evitará una alianza con los populares hasta que estos no limpien sus listas de imputados. Echávarri (PSOE, 6 escaños), Pavón (Guanyar Alacant, 6 escaños) y Bellido (Compromís, 3 escaños) no tienen claro quién de los tres se convertirá en el próximo edil alicantino, pero las críticas destructivas entre los tres alcaldables no tienen desperdicio.

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Tal y como se aprecia en otros medios, cada uno respeta sus propios intereses y, es por ello que no les importa echar por tierra al resto del equipo; basta con pedir perdón públicamente una vez generalizada la sentencia. Pero bueno, posiblemente la próxima vez que pasemos por una cafetería puede que nos enteremos de quién será el próximo alcalde.

Con todo, cabe decir que no se sabe de qué forma concluirá esta situación de cierta fluctuación pero, al menos, se puede comprobar que siempre se trata del mismo perro pero con distinto collar. Una vez más habrá que recordar que la política y la democracia son por y para la ciudadanía.