El artista más significativo del movimiento moderno de los años 70 fue el ecléptico Andy Warhol, el cual dijo en más de una ocasión: “En el futuro todo el mundo tendrá sus 15 minutos de fama”. El artista del pop-art no iba mal encaminado. Así es la nueva generación de modernos que buscan no sólo sus 15 minutos de gloria y glamour, sino mucho más.

Esta nueva cultura juvenil se desvive por ser vista, por ser reconocida y no duda en utilizar todas las herramientas que tiene a su alcance. Ya no hace falta salir en Televisión para hacerse famoso, ni si quiera hace falta trabajar en algo importante; miles de preadolescentes son mucho más conocidos por grabar un vídeo y colgarlo en cualquier plataforma multimedia o por hacerse un par de fotos y difundirlas por las Redes Sociales. De hecho, existen porcentajes donde dicen que los jóvenes de 17 años tienen mayor exposición en los medios digitales que cualquier programa de televisión en la franja horaria normal.

Sin embargo, nosotros como meros espectadores, podemos ver un determinado contenido cocinado en cualquier parte del mundo por estos adolescentes prematuros, donde despliegan sus dotes artísticas, sus movimientos al ritmo de cualquier hit de moda o te cuentan la sinopsis de un libro. Jóvenes de todo el mundo que saben que si son vistos, pueden cambiar su futuro. Y que futuro. Desde grabar un disco, colaborar en programas de televisión o hasta protagonizar sus propios realitys shows. Pero poco les queda por contar de sus vidas, ya que ellos mismos viven su propio Reality a través de las redes sociales.

Los llaman “la Generación del culo”. No porque sus vidas estén abocadas al fracaso o sufran de irregulares intestinales. Todo lo contrario. Mitifican esa parte del cuerpo que siempre ha estado asociada a lo más sucio y depravado. Di hace más de una década eran los pechos, ahora el trasero toma protagonismo. Y es que esta nueva cultura juvenil no entiende de estereotipos o de gustos personales. Todo es global: la ropa, la música e incluso el amor. No entiende de etiquetas, ni de sexos…viven libremente unas vidas donde la intolerancia es una palabra del pasado.

Tampoco hablamos de que estos jóvenes no están preparados o formados. Todo lo contrario. Son totalmente conscientes de que tienen que estar preparados para todo lo que les espera: saber idiomas, cultura del mundo o incluso saber cocinar. Las tribus urbanas se interrelacionan y forman un ambiguo abanico de conexiones humanas, ya sean hipsters, swaggers o muppies

Es verdad, que estos jóvenes dependen de la economía de sus familias, pero parece que los amados padres les consienten todo, desde un smartphone de no menos de 600€ hasta la ropa que llevan sus celebritys favoritas. Esto en realidad es bueno, ya que demuestra que el mundo pertenece a la gente joven, que cambia y evoluciona. Los que ya no tenemos edad para el primer amor o la primera borrachera, seguiremos observando con gran determinación. Elijan su butaca y disfruten.