Algunos políticos se inventan presuntos apocalipsis. Aún resuena entre los catalanes la frase de Ángel Acebes, entonces Secretario General del PP, sobre que "el castellano está en peligro de extinción en Catalunya".

A los catalanes ya nos suena esto aburrido, pesado, repetitivo. Es como convencer a una pared, a un maniquí, o lo que es peor, a un extraterrestre que no conoce nuestra cultura ni nuestras costumbres. Se creen que Barcelona es como el distrito de Salamanca y las Rambles como la calle Príncipe de Vergara, antiguamente del General Mola.

No suspiramos en Barcelona por ver a Madrid como una Barcelona madrileña, ni experimentamos el goce que los turistas franceses que alguna vez he visto por la Estación de Chamartín, al ir a coger el tren Madrid-Paris, tienen cuando ven anunciados estrenos de películas francesas en España (sabiendo ellos que la mayoría estrenadas aquí son americanas).

Simplemente que cada lugar tenga su idioma propio, y bien sabido es que las autoridades y el pueblo español suspiran por que en Puerto Rico, país latinoamericano "Estado Libre Asociado", es decir, dependiente de EEUU pero con su propia autonomía, un Gobernador con poderes de Presidente de la República, siempre puertorriqueño y de habla española, y con el idioma español oficial en el país prácticamente para todo, aunque la mayoría de puertorriqueños conozcan el inglés. Y más aún cuando algún día es posible que Puerto Rico sea el Estado número 51 de la Unión. Entonces, lo de la lengua lo tendría que negociar con Washington. O sea independiente.

La variedad de lenguas, como en Suiza, ayuda al desarrollo humano. Y en eso, los Presidentes de Catalunya ganan por goleada a los de España, en hablar muchas lenguas, pues los de la Democracia, salvo Felipe González que habla francés, prácticamente eran nulos en lenguas que no fueran el español.

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Y no tiene nada que ver que José María Aznar hable ahora inglés, lo aprendió cuando ya no era Presidente. Por ello, Jordi Pujol, Pasqual Maragall y Artur Mas no necesitaban intérpretes, pues ya hablan varios idiomas, e incluso podían servir de intérprete a Mariano Rajoy.

Alguien sacó la teoría de que si se deja que el catalán sea omnipresente, eso ayudaría a que haya más independentistas. Falso, pues cuanto más se reprime la cultura catalana, eso sí que ayuda al independentismo. O es choque cultural, como cuando los americanos se asombran con que Francia no haga dimitir a un Presidente que consideran inmoral, algo que en EEUU sería casi como una obligación moral, o es lo que dije antes de creerse que lo que no sea de su barrio o su territorio, no existe o no interesa.

Por lo tanto, la Ley Wert que quiere favorecer a estudiantes en castellano, como si sin ella acabaran hablando la lengua de Cervantes igual que Johan Cruyff, es completamente inútil y contraproducente. Los catalanes hablan bien el español y se oye mucho en la calle.

Por que si se quejan de los giros léxicos catalanes al hablar en castellano ("Tirar una carta al buzón", "Hacer gasolina", "Un coche nuevo de trinca", "Qué es lo que ha pasado", etc.), no se quejan mucho de los giros que el español tiene en cada país latinoamericano (en México, "se despojó de su rango" equivale a "se bajó de un caballo" o "coger", igual que en Argentina, lo traducen por tener sexo).

Y el catalán es enseñado en Universidades prestigiosas del mundo, como 23 en EEUU, 21 en Inglaterra, 23 en Alemania, 19 en Italia o 21 en Francia. En el Estado español, ay, sólo en 4. #Gobierno #Cataluña #Independencia