Decidir mudarnos a otra ciudad o mas aún a otro país no es fácil. Aunque sea algo que realmente queremos, siempre nos va a invadir la duda de si estaremos tomando la decisión correcta; pero es allí, cuando debemos dejar a un lado todos nuestros miedos y pensar en las nuevas experiencias que viviremos.


Nuestra vida será una montaña rusa de emociones desde los días previos a nuestro viaje hasta el primer año en la nueva ciudad. Experimentaremos todo tipo de sentimientos, antes de viajar estamos ansiosos, emocionados, sin duda alguna asustados aunque intentemos ocultarlo, pero sobretodo llenos de expectativa e ilusiones.


Descansar el última día antes del viaje es casi imposible, es cuando nos invaden cientos de pensamientos; no importa cuánto lo intentemos, dormir esa noche no parece ser una opción. Finalmente tras 3 horas o menos de sueño, es hora de despertar y alistar los últimos detalles para empezar esta nueva travesía en nuestra vida. Pero no es hasta el momento en el que nos despedimos y entramos a sala de espera, cuando nos damos cuenta que ya todo es una realidad, que en pocas horas estaremos muy lejos de nuestra familia, amigos y de todas las cosas a las que hemos estado acostumbrados.


Ya no hay vuelta atrás, es hora de subirnos al avión y emprender este viaje de exploración en el que no solo conoceremos una nueva cultura, sino lo más importante, nos conoceremos a nosotros mismos. Todo ese #Tiempo que tendremos a solas sin la presión social, nos permitirá entender un poco más quienes somos realmente .


Con el pasar de los días comenzamos a sentir un aprecio especial hacia esta nueva ciudad, pronto nos damos cuenta que no son unas vacaciones más, este es ahora el lugar en el que vamos a estar por mucho tiempo o al menos hasta que decidamos lo contrario. Primero caminaremos por las calles tanto como nos sea posible en un intento de conocer cada rincón, de no sentirnos como unos extranjeros sino como unos ciudadanos más, de entender su cultura, su estilo de vida. A todo le encontramos su encanto, es como cuando de niño nos compraban un juguete, y no parábamos de jugar con el, de mostrárselo a todos; de esa misma manera no dejamos de contarle a nuestros amigos sobre cada sitio que conocemos,  lo felices que nos sentimos y  lo mucho que nos encantaría que ellos pudieran estar aquí. Sin embargo, estos sentimientos no duran mucho, pasado el primer trimestre ya no encontramos nada de nuevo, pues nunca será como el primer día en que llegamos, ahora es cuando comenzamos a ver la realidad, a compararlo todo con nuestra antigua ciudad, las cosas buenas y malas, se puede decir que entramos en una fase de depresión en la que queremos comprar el primer boleto de avión que nos lleve de vuelta a nuestra zona de confort.


Cuando volvamos a nuestra ciudad, sin duda vamos a estar felices por ver a nuestros seres queridos, nuestra casa, los lugares en los que crecimos, pero estos no serán más que sentimientos pasajeros. No habrá pasado mucho tiempo antes que comencemos a extrañar el estilo de vida que llevábamos, a recordar con nostalgia los momentos vividos y a planear un nuevo viaje con el mismo destino u otro distinto en busca de sentirnos vivos otra vez .