Imaginemos un remake de Casablanca. O de Ciudadano Kane. ¿Imposible? A priori sí, pero #Hollywood está desatado y no se detiene ante nada. El último ejemplo es el de Poltergeist, la mítica película de terror dirigida por Tobe Hooper y producida por Steven Spielberg en el año 1982, que en breve vuelve a nuestras carteleras con un equipo técnico y artístico completamente nuevo.

Hollywood siempre ha rodado algunas de sus películas dos o tres veces, no es un recurso reciente, pero resulta curioso observar el avance de este tipo de producciones, cada vez con menos pudor en retomar clásicos, y con menos distancia en el tiempo respecto a títulos que parece que se rodaron ayer porque los rodaron antes de ayer. 

En Estados Unidos las películas no se doblan porque no tienen necesidad: la mayoría son las que ellos mismos realizan en inglés, menos cuando a Clint Eastwood o a Mel Gibson les da por hacerlas en japonés o arameo, pero no suele ser habitual, y los films que vienen de fuera, o se ven subtitulados o no se ven.

Así que si tienen fama y éxito, qué mejor que rodar un remake en el idioma de William Shakespeare y facilitar las cosas a los potenciales espectadores, ¿no?

Así nacieron Vanilla sky, heredera de Abre los ojos, de Alejandro Amenábar, The ring, con Naomi Watss, de la japonesa Ringu o Funny Games, también con Watts en la versión americana que Michael Haneke, director de la austríaca original firmó en el mercado hollywoodiense. Películas con pocos años entre unas versiones y otras que más allá de la función práctica para el público norteamericano, suponía un escándalo que indicaba la escasa creatividad inherente en la industria del #Cine más importante del mundo.

Lo curioso no es que los proyectos se lleven a cabo, porque un productor puede dar luz verde a lo que considere oportuno por muy poco novedoso que sea, lo que es de llamar la atención es lo mucho que se altera el humor del público por semejantes decisiones, cuando luego nos enfrentamos a las expectativas creadas según se va a acercando el estreno.

Vídeos destacados del día

Si de verdad nos indigna que se retomen clásicos, más recientes o auténticas joyas del cine, para explotarlos en las salas, pidamos que en lugar de una nueva visión de lo que ya se hizo, generalmente bien, sea repuesto el original con la mejor copia disponible.

Lo malo es que a veces llama más la atención un reparto de actores influyente en la taquilla contemporánea o la curiosidad de ver qué tratamiento le han dado a la nueva criatura. Es entonces cuando la protesta de meses antes, del momento en que se supo del proyecto, deja de tener validez y se convierte en el mismo pasado al que pertenece la película que ahora goza de un nuevo esplendor.