¿Perdón o condena? Son los dos sentimientos que dividen a España cuando se ponen sobre la mesa el debate temas tan delicados como es el de 'el arrepentimiento de los terroristas'. En este caso particular nos referimos al ex-etarra Iñaki Rekarte, que ayer protagonizó las portadas de varios medios de comunicación españoles y el primetime de La Sexta, aunque la noticia donde ardería realmente sería en las redes sociales.

Rekarte cumplió 21 años de condena tras asesinar, con apenas 20, a tres personas al hacer detonar una bomba.

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'Fueron los daños colaterales' según explica él mismo, pues su objetivo era un furgón de la Policía Nacional que circulaba por la calle en ese momento. Sin embargo, una vez pulsó ese botón y estalló aquella explosión la vida de esas tres personas se reduciría a polvo y cenizas.

Y no sólo la de ellos, sino también la de todos a los que dejaron sufriendo su pérdida para siempre.

Y ahora se plantea de nuevo la pregunta ¿perdón o condena, para alguien que ha cumplido lo que le marcó la ley pero que no va a poder compensar el dolor causado? El tema de ETA es algo que ha marcado nuestro país y que siempre formará parte, tristemente, de nuestra historia. Por eso, son pocos los que se resisten a no opinar, ya que cada uno tiene su punto de vista y se siente tocado en mayor o menor medida por la barbarie de los atentados que se han cobrado la vida de casi 1000 españoles. En estos casos es bastante complicado reservarse el comentario y no plasmarlo en las redes sociales o en los medios.

Indignación, incredulidad, vergüenza… son la mayoría los que se niegan a aceptar un final feliz para quien califican de 'asesino'.

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No está en su mano perdonarle, pues eso, como bien dicen, sólo correspondería a los familiares de las víctimas caídas; pero desde luego lo que no pueden es olvidar el daño causado y actuar como si nada hubiera pasado. Otros, por el contrario, ensalzan esta historia como ejemplo de arrepentimiento, a la vez que claman para que España sea capaz de 'seguir adelante', cerrar heridas y reunificarse.

Pero aún vivimos en una sociedad marcada por odio, un odio atroz e 'inhumano' para muchos, pero totalmente justificado para otros. Un rencor incapaz de borrar lo ocurrido, y mucho menos de restarle valor, pues eso significa para algunos olvidar a las víctimas y ponerse en el bando de los que las mataron. Pero también hay quien defiende la postura de aceptar, de readmitir, de entender que nada se gana por el camino de la venganza, que todo paso atrás es bueno aunque ello no vaya a devolverle la vida a los que la perdieron.

Por desgracia, incluso a día de hoy que la lucha contra ETA ha terminado, lo complicado va a ser reconciliar la opinión tan opuesta entre esos dos bandos de población enfrentados. Porque la reflexión ahora radica en: ¿Está preparada España para perdonar a los etarras arrepentidos o es una herida que siempre seguirá latente?