Fueron dos escritores de fama universal, o por los Premios Nobel que ganaron o bien por su actividad, que iba más allá de las fronteras nacionales de sus países. Fueron dos autores de temperamento y procedencia diferente, uno con el carácter latino de Sudamérica y el otro con el no por más impasible menos temperamental, producto de la cultura sajona alemana.

Gabriel García Márquez se fue hace un año, en su residencia de México, donde vivía desde hacía muchos años, al no sentirse seguro y odiado por cierta gente en su Colombia natal. Günter Grass se fue hace unos días, en su Alemania natal.

Cada uno fue polemista a su manera cuando tuvo que tomar partido por aquello en lo que creía políticamente.

Más aun en Grass, al confesar hace poco en sus Memorias que de joven tomó parte en las Juventudes Hitlerianas, aunque luego se arrepintió y tomó conciencia de la culpa colectiva que Alemania encarnó después de la II Guerra Mundial, sobre todo al conocerse las atrocidades del nazismo y los seis millones de judíos exterminados en los campos de concentración.

García Márquez también creó polémica, y ya empezó desde joven. En su libro "Relato de un náufrago", uno de los primeros cuando también era periodista, narraba como si fuera una novela (adelantándose una década a Truman Capote con "A sangre fría") la historia real que le explicó un marinero colombiano, que se cayó del barco en donde iba desde EE. UU a Colombia y sobrevivió a condiciones de hambre y sed terroríficas, perdido en la mar.

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Lo que pasa es que el hombre, en su buena voluntad, habló de que en el barco iban electrodomésticos y demás enseres de contrabando, lo que le convirtió de la noche a la mañana de héroe a villano. Y García Márquez fue también atacado por contarlo todo, en la revuelta en Colombia de la década de 1950.

Luego llegarían sus grandes novelas, ya conocidas por todos y varias de ellas adaptadas al cine o la televisión, aunque García Márquez no tuvo suerte con dichas adaptaciones. A Grass le pasó lo mismo, aunque "El tambor de hojalata", que ganó el Óscar a la Mejor Película Extranjera en 1979, le dio a conocer al gran público que no lee tanto.

Hoy en día no aparecen tantos escritores que con su obra sepan que la gente hable de ella, quizá culpa de las televisiones que encumbran a gente mediocre y sin ningún atractivo intelectual, como una tal Belén Esteban, la cual es un insulto verla competir siquiera con un Dickens, un Balzac, un Dostoievski o los dos escritores que citamos en este artículo.

Gente que con sus personajes y sus historias no sólo nos cuenten algo interesante, sino que sepan remover las conciencias. Yo pienso que Flaubert con su "Madame Bovary" hizo más por cambiar la sociedad que miles de tratados políticos, al mostrarnos cara a cara la hipocresía de la sociedad de su tiempo, que también es la de ahora. Un hecho cotidiano como el adulterio, que entonces era como una especie de práctica satánica, hoy en día se ve sin dramatismos, como algo que tenía que pasar si un matrimonio va mal, pese a las apariencias.

Algo parecido a esto lo hemos visto en "Crónica de una muerte anunciada", o en "El tambor de hojalata". Personajes que llevan la tragedia en sí mismos, y no pueden evitarla. Una anécdota: un juez de EE. UU. prohibió en su territorio la proyección de la película basada en la novela de Grass, al entender como pederastia la seducción del niño protagonista a su madrastra, cuando en realidad dejó de crecer y se quedó así.