La prostitución es el oficio más antiguo del mundo según dicen. En boca de mucha gente se haya en los últimos días. Ciudadanos ha propuesto como ya hizo anteriormente el Partido Popular legalizar la prostitución. Si lo miramos desde la perspectiva económica es todo un pelotazo, conviertes un dinero que viajaba de mano en mano y del cual no percibía nada el estado a una alta fuente de ingresos. Por lo tanto como medida de financiación estatal debería ser aplaudida.



Si hipotéticamente todas las prostitutas ejercieran porque es el trabajo que desean realizar, esta medida seria beneficiosa en el sentido de que gozarían de cobertura sanitaria. Aparte de la cobertura sanitaria gozarían del beneficio de cotizar en la seguridad social y poder acumular cotización para una futura pensión. Ahora, sabiendo que la realidad es que muchas no ejercen por deseo si no por obligación, nos vemos en el caso de la desaparición de la mayoría de las mafias que las fuerzan y amenazan. Hasta ahora todo parece beneficioso pero quedan por abordar los temas más espinosos.



Si legalizamos la prostitución y según una corriente de pensamiento muy bien argumentada y defendida por todas las asociaciones de mujer, estás expandiendo la siempre no bien vista industria del sexo, aumenta la demanda de la prostitución, incentiva a los hombres a comprar a las mujeres por sexo, legaliza la figura del proxeneta convirtiéndolo en empresario... Como se puede comprobar hay razones tanto como para legalizarla como para seguir luchando por su abolición.



Al final nuestro país tendrá que tomar una decisión definitiva, y está claro que los juicios morales serán el pan de cada día, tanto si se adopta una medida como si se adopta otra. Tal vez lo más lógico en un país teóricamente democrático seria votarlo en un referéndum y apechugar con los resultados obtenidos. El problema está en si algún partido político se decidirá a consultarlo y si la siempre larga mano de la iglesia lo permite. Sea como sea, no pisaremos en falso. Tenemos tanto el ejemplo de Holanda como el de Suecia, como contrapunto el uno del otro. La conclusión definitiva es que las cosas no pueden seguir como están.