Corría el año 2003 y el Gobierno de Aznar anunciaba a bombo y platillo el fichaje del bioquímico y oncólogo Mariano Barbacid para dirigir el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) con el fin de relanzar la investigación biomédica en España.

Un cuatro de febrero de 2003, Día Mundial contra el Cáncer, se inaguraba este centro con la esperanza puesta en la ciencia. Parecían buenos tiempos para la 'Ciencia en España' y, por primera vez, el fichaje de científicos ocupaba páginas en los periódicos y competía en protagonismo con el de jugadores de futbol.

Sin embargo duró poco, y como cantaba Joaquín Sabina, nuestro idilio con la ciencia duró lo que duran dos peces de hielo en un "güisqui on the rocks" y, trece años después, la ciencia española va "cuesta abajo y sin frenos". El estancamiento de la inversión en proyectos y capital humano ha generado un panorama desolador, con grupos y centros de investigación desmembrados y los cerebros españoles desperdigados por medio mundo.

Y como afirma el propio Dr. Barbacid, el problema de la ciencia en España no conoce colores ni partidos políticos y en una reciente entrevista en El Diario Montañés reconoce "que el Gobierno de Aznar apostó fuerte por la ciencia y que el de Zapatero siguió apoyando la ciencia hasta la segunda mitad de su segunda legislatura. A partir de ahí todo fue un desastre".

Y así es, en un país donde nunca se ha recortado en corrupción, la ciencia ha sido una de las víctimas más palpables de la reciente crisis. Y no era de extrañar al ver como el Gobierno de Rajoy era el primero en desposeer a la Ciencia de su propio Ministerio y, en su lugar, la incluía en un cajón de satre llamado Ministerio de Economía y Competitividad.

Aunque podría haber sido anecdótico, la eliminación de un Ministerio dedicado a la ciencia dejó a esta sin referencia y sin un Ministro al que poder alabar o criticar dependiendo de sus actos y, en su lugar, la ciencia pasó a manos de unos ineficientes Secretarios y Directores Generales empeñados en "comerse" convocatorias de investigación competitivas y en alardear de excelencia mal entendida.

Y cuando parecía que la ciencia en España había tocado fondo, nos enteramos de que aún puede caer más bajo y, en la última convocatoria de Proyectos del Ministerio, se desestima un alto número de ellos por un simple error "no subsanable" en el currículum de los investigadores. Las consecuencias, cientos de científicos sin proyecto y la dimisión de la directora del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) encima de la mesa.

Vamos, para que lo entiendan, que lo importante en España no es si un proyecto, respaldado por un gran esfuezo humano, podría curar uno de los cánceres más agresivos que existen o si proporcionará una vacuna contra el virus del Ébola, etcetéra, etcetéra, lo más importante es que el currículum de los investigadores no tenga unos cuantos renglones "torcidos" de más.

Pues sí, así es, este esperpento bien lo podría haber firmado el propio Valle Inclán; pero no, es obra de una burocracia sin sentido perpetrada por nuestro Ministerio de Economía y Competitividad. Y si quieren reírse un poco, de una cosa que no tiene ninguna gracia, visiten un videomontaje que está recorriendo las redes sociales en el que se parodia la película "El hundimiento". Por cierto, un término muy apropiado para definir el estado de la ciencia en nuestro país.