Si me permiten, les confesaré que a mi juicio este escritor y economista no tiene nada que envidiar al apóstol de nombre homófono, en cuanto a veneración y magnanimidad se refiere. Se marchó a los 96 años dejando tras de sí una huella indeleble de intelectualismo moral y belleza literaria difíciles de olvidar. Fue uno de esos autores prolíficos, dotado de un talento general y excelso que abarcaba diversas esferas de un modo sensible, humano y, quizás, ligeramente utópico.

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Pero, ¿qué sería el humanismo sin utopía en estas épocas de exilio de la esperanza, prisas y chapuzas?

Hace apenas unos meses su viuda, Olga Lucas, le rendía homenaje en la presentación del libro póstumo La vida perenne donde se recogen pensamientos, filosofías y sentimientos del autor para hacer frente a la actual crisis de valores y llegar a los jóvenes que liderarán por relevo este mundo.

No obstante, mi intención aquí y ahora no es rememorar sus impresionantes novelas, llenas de vida, sensualidad y sutileza como La vieja sirena o La sonrisa etrusca, puesto que dicha tarea es merecedora de un apartado y una dedicación exclusivos, y en esta sección únicamente pretendo hablarles acerca de su aportación al desarrollo de un sistema justo y crítico.

Economista e intelectual comprometido

Se apagó su voz pero su impronta sigue muy viva, abogando por un cambio que se demora y unas injusticias sociales que son el pan de cada día. Sampedro seguía la línea del franco-alemán Stephane Hessel, autor del libro "Indignaos", guía para la reivindicación y referente para abolir el decadente sistema capitalista. Nuestro escritor aseguraba no estar en contra del capitalismo en sí, pero lo relacionaba con un ser moribundo que ya no puede subsistir únicamente en beneficio y por conveniencia de unos pocos, ya que ha perdido el espíritu de libertad y creación que lo impulsó a nacer en favor del miedo, la corrupción y la falsa seguridad.

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En una de sus entrevistas contradijo la máxima de Benjamin Franklin alegando que: "El tiempo no es oro, el oro no vale nada, el tiempo es vida. El hombre ya no es la medida de todas las cosas, sino el dinero; y eso es una de las causas de la ruina del sistema, por olvidar otros valores".

Las enseñanzas de José Luis Sampedro en materia económica y social son, o debieran ser, estandartes a seguir por aquellos que preconizan una transformación del sistema, para humanizar la economía, paliar la hegemonía del poder abusivo y acabar con las injusticias sociales.