La visita institucional de la semana pasada del presidente griego, Alexis Tsipras, al Kremlin se ha producido en un momento especialmente crítico. Los presidentes de los dos países protagonistas de dicha reunión, Rusia y Grecia, son, a estas alturas, dos de los convidados más incómodos para el conjunto de la Unión Europea (UE).

A nadie en Europa se le escapa que dicha reunión puede suponer una clara amenaza para el futuro de la propia UE. De un lado de la mesa está Grecia, con un recién elegido gobierno que es abiertamente crítico tanto con las políticas recetadas como con el modelo de gobierno impuesto durante los últimos años de crisis por las instituciones internacionales que formaban la troika.

En el otro lado de la mesa está Rusia, un enorme país cuyas relaciones con Europa pasan por un mal momento debido, sobre todo, al conflicto ucraniano.

Y es en este contexto donde la visita institucional de ambos países tiene lugar. Grecia necesita ayuda pero sabe que su capacidad de establecer acuerdos bilaterales con Rusia está muy limitada debido a su estatus propio como país miembro de la UE. El presidente ruso Vladimir Putin lo sabe, pero ante las grandes posibilidades estratégicas y geopolíticas que ofrece el país heleno, se aferra a la búsqueda de alternativas. Rusia ha descartado en esta primera reunión, otorgar vías de financiación directa a Grecia. Sin embargo ha dejado las puertas abiertas a posibles acuerdos preferentes en materia energética. De hecho, Rusia habría planteado a Grecia la posibilidad de convertirse en el gran centro distribuidor de gas ruso para el Sur de Europa ofreciéndole una participación directa en el gasoducto Corriente Turca.

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Pero la oferta rusa va más allá. Putin habría planteado a Tsipras la posibilidad de establecer fórmulas directas para que Grecia pueda evitar legalmente el boicot impuesto por Rusia a la importación de productos agrarios procedentes de Europa.

Pero esta misma reunión también dejó claro que Rusia va a exigir a Grecia contraprestaciones. Entre ellas, la entrada preferente de Rusia en los más importantes puertos helenos o la exigencia de que el gobierno griego encabece la protestas contra las sanciones impuestas por la UE.

Algunos políticos europeos relevantes ya han mostrado su preocupación durante los días previos a dicha reunión por los acuerdos que de ella resulten, algunos de los cuales pueden ir en contra de los propios principios de la UE. Algunos expertos afirman que podríamos estar ante los prolegómenos de una nueva "Guerra Fría", mientras que otros no descartan una salida forzada de Grecia de la UE.