Después de la detención momentánea de Rodrigo Rato, el registro de su despacho, el bloqueo de sus cuentas bancarias, etc., aunque el expolítico (porque ya no parece que le elijan ni para presidir su asociación de vecinos) diga que se hará justicia y volverá a ser el político ejemplar que fue hace años, que llegó a presidir el FMI, no es nada seguro que eso pase.

Lo suyo ha sido una caída que si hubiera tardado unos años más, hubiera parecido que era como cuando un trasto cae de puro viejo, que se deshace solo. Es metafórico lo que digo, no literal (por lo de trasto). Pero lo triste es que alguien que se había ganado un cierto prestigio, por ejemplo siendo alguien que no estaba de acuerdo con Aznar y su política de adulación a George W. Bush, que por ello se distanció de él, haya acabado siendo un ladrón.

Y como después de haber visto en el cine las excelentes películas Inside Job y El lobo de Wall Street, con sus corruptelas adornadas de fiestas salvajes con prostitutas, como aquella de la primera película que confesaba que un cliente se lo montaba con ella en el despacho, delante mismo de la foto de la mujer y los hijos del hombre, o las de la segunda, que hizo que Jordi Évole dijera a un broker de Londres que desde entonces le costaba imaginarse un despacho de economistas sin ellas, ya nos parecen suaves las simples corruptelas de los políticos que van engrosando la lista de caídos en desgracia, vamos, como quien ve una película de Walt Disney. Digo lo anterior por que las tarjetas black que han salpicado a Rodrigo Rato también incluían esto, aunque él se mantuvo al margen, o eso decía.

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Por que lo suyo es lo que menos quería el PP, a pocas semanas de las elecciones municipales, donde peligran feudos clave para ellos como Madrid o Valencia. Un enésimo escándalo puede llevar los votantes a Ciutadans (UPyD se ha quedado anticuado, y Vox es un dinosaurio andante), que es el partido que más temen en Génova 13, mucho más que a Podemos, cuyo entusiasmo se ha enfriado un tanto.

Hace dos décadas era el PSOE quien estaba rodeado por la corrupción, con implicados encarcelados como Luis Roldán o José Barrionuevo e implicados con su carrera política arruinada como Alfonso Guerra (por culpa de sus impresentables hermanos, entre ellos aquel que atacaba a los demás con la palabra "mamón" siempre saliendo de su boca) y tantos otros. Ahora es el PP quien sufre esto en la misma intensidad, aunque el PSOE tenga esos chanchullos nada aclarados como los ERE.

Rato era de los que más daba lecciones de ética, de decencia, de honradez y palabras parecidas. Trágico y triste que quien podía ser un modelo como lo fue Winston Churchill o Nelson Mandela, de honradez y carisma, cada uno con sus ideas, y estos últimos años hemos visto ídolos caer de sus pedestales por corrupción, ahora hagan llegado a estos extremos.

No quiero dar lecciones de honradez, eso ya no cuela y nadie se lo cree, ni siquiera los que tanto se emocionaban con la serie de Michael Landon "La casa de la pradera". Puedo comprender a quien hacer pequeños timos al ser personas que viven en la miseria, y si esos timos son a personas ricas y corruptas (como dice el refrán, "Quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón"), que a los potentados que nos sermonean y de paso nos roban y engañan.