Esperanza Aguirre es un personaje peculiar, pese a que sus apologetas, léase el director de "La Razón" y otros periodistas conservadores, intenten mostrarla como una incomprendida. Pero no es nada tonta, al saber crear atención sobre sí misma cuando hace falta, aunque sólo sea para ser atacada, vilipendiada e incluso justamente criticada. Me refiero a cuando dice ciertas cosas que por sí mismas son una barbaridad, pero ella sabe que pueden beneficiarle al ser el centro de atención, y por ello alguien se acuerda de que existe. Sobre todo cuando ansía llegar algún día a Presidenta del Gobierno central.

La gente, aunque no los catalanes, habrán olvidado un programa de Telemadrid, cuando ella era Presidenta autonómica y mandaba tanto que incluso defenestraba presentadores que no le hicieran la pelota en cada entrevista (Germán Yanke fue un caso conocido).

Era sobre Catalunya, sacando por enésima vez la estrafalaria teoría de que la tierra de Lluís Llach era la nueva Alemania nazi, sobre todo en lo lingüístico. El reportaje era tan delirante que motivó una queja casi unánime de los catalanes y una protesta indignada del entonces President catalán Josep Montilla.

Todos sabían que "Espe" estaba detrás de dicho reportaje. Ella creía que toda Catalunya se rebelaría en contra de sus políticos catalanistas y verían a Madrid y al #PP como a sus salvadores, pero no fue así, y ella, no sabemos si asustada o no, pidió perdón, se reunió urgentemente con Montilla y decidió organizar una Semana de la Cultura Catalana en Madrid, con una exposición en la Puerta del Sol, la sede del Gobierno madrileño. La vendió como una reconciliación de Madrid con Catalunya.

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Ahora, con sus igualmente delirantes palabras relacionando a cualquier mendigo con mafias, que nos retrotraen a los nefastos tiempos de la Ley de Vagos y Maleantes franquista, que motivaba la detención de cualquier mendigo por la Policía, y su repentino cambio de opinión, no sabemos si "por si acaso" o qué, muestran que como la mayoría de los políticos, sabe cómo crear desconcierto en los adversarios, incluidos los del propio PP, para beneficiarse.

Otros líos políticos suyos fueron cuando consiguió que Alberto Ruíz Gallardón, entonces alcalde de Madrid, tuviera que renunciar a ser diputado por el PP en las elecciones generales de 2008, al salir ella amenazando con abandonar la política si le elegían a él. Consiguió lo que quería, aunque fue ARG quien, deprimido, fue el que estuvo a punto de irse. La actitud de ella fue apoyada con entusiasmo fanático por sus medios afines.

Tan hábil es que quiso colgarse la medalla de haber descubierto ella misma el caso Gürtel, no sabemos por qué, como si con esto se quitara otra vez adversarios peligrosos en el propio partido.

Un chiste de Manel Fontdevila en Público la mostraba limpia, como un anuncio de detergente, mientras todos los que la rodeaban estaban cubiertos de porquería de la corrupción, preguntándose cómo lo hacía para nunca salir ni imputada ni sospechosa.

Los medios afines la han querido defender incluso en sus inquietudes culturales, como su mediocre gestión como Ministra de Cultura o su rotunda equivocación al elegir a José Luis Garci como director de "Sangre de Mayo", ya comentada aquí. Sobre sus gustos culturales y cinéfilos, ha quedado demostrado que son totalmente anticuados, incluso Frank Capra o Michael Landon serían unos posmodernos almodovarianos a su lado. #Poder #Política Madrid