En menos de 48 horas ya tenemos nombre: Andreas Lubitz. EL cabeza de turco surge a mediodía de ayer y las mil y una hipótesis (células congeladas, fuselaje, atentado terrorista…) se descartan a favor de lo que es la solución más cómoda. Para los gobiernos, a quienes sería muy difícil encajar otro sabotaje terorrista, y para la compañía, que de pagar más de 300.000 euros por pasajero pasará a pagar menos de 75.000, menos de una cuarta parte…y además el no haber sido un fallo técnico la hará reflotar en la bolsa (Lufthansa ya acusó un 2% el día de la tragedia). 

Todo, cuando nos remarcaron una y otra vez que descubirr el enigma no era tan fácil, que tras encontrar la caja negra tardarían de 3 semanas a seis meses encontrar las causas reales del siniestro.

Y en menos de lo que canta un gallo, alguien oyó la cinta y filtró oficialmente su “verdad” ante los medios de comunicación. Ya que todo se publicita, se comenta, se fotografía para nosotros, ¿por qué no hay una muestra de la grabación que escuchó ese fiscal alemán? Es más confidencial la prueba real del desastre que una foto con el resto de los cuerpos hallados?

La noticia se hizo viral y a las 14.00 am ya todo el mundo conocia no solo la causa, sino los detalles del piloto. El torrente de elucubraciones dispares por fin viraba hacia un punto fijo, qué suspiro, no tener que hablar de mil y una posibilidades y tener un cabeza de turco a quien echar la culpa, descargar nuestra conmoción y nuestra indignación, la de las familias, y por qué no, la de los gobiernos y la de la compañía.

Seguro que la familia del desafortunado piloto habrá recibido la nueva como una sentencia de muerte y tendrá que pasar los siguientes meses esquivando a los cancerberos de la informacion, ávidos por destripar los morbosos detalles de la vida privada de Lubitz y su entorno para encontrar una explicaciòn a tan inconcebible comportamiento.

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Una vez desvelada la causa, se baja el telón de la tensión masiva y uno ya puede deciarse a otras pesquisas. Total, las palabras de quien (o quienes) oyeron la cinta. Esos privilegiados, tienen fuerza de ley y nadie las cuestiona, y nos asentamos en una respuesta confortable para todos, porque lo que quiere la mente humana es justificar las desgracias, por incomprensibles que aparezcan. Y todos contentos:. Hasta el siguiente atentado/accidente..

Como en la época de los romanos, en el fondo ésto es lo que necesita el pueblo; lo que el Emperador daba a su pueblo para complacerlo: Caesar, panem et circenses!, “¡danos pan y juegos circenses, César!”. Con esto todos contentos, conformes y a seguir viviendo y produciendo.. Panem et circeneses, Caesar!