El pasado primero de marzo, José Alberto Mujica cerraba oficialmente su etapa como presidente uruguayo con la investidura del nuevo presidente, Tabaré Vázquez. Curiosamente, los dos protagonistas de la investidura eran los mismos que cinco años antes, aunque en esta ocasión los papeles se invertían.

Desde el punto de vista político, el partido gobernante Frente Amplio (FA) alcanza su tercera legislatura de gobierno consecutiva, después del primer gobierno de Tabaré Vázquez (2005-2010) y el recién concluido de Pepe Mujica (2010-2015), los cuales han seguido una línea continuista que ha llevado al país uruguayo a un claro proceso de transformación social.

El gobierno de Mujica deja la economía del país en una situación de clara expansión que ha permitido que desde el año 2005 el PIB per cápita se haya casi triplicado (+8.119 €) y la deuda se haya reducido sustancialmente (-24,4 puntos respecto al PIB). Así, el nuevo gobierno de Tabaré Vázquez, su segundo gobierno propio y el tercero de FA, recibe el país con una economía saneada con unos niveles medios de crecimiento anual del 3% y un desempleo por debajo del 7%. El perfil izquierdista de los gobiernos de FA ha permitido además incrementar desde el año 2005 el peso de la educación y la sanidad (+1,8 puntos respecto al PIB) y reducir, aunque ligeramente, el de defensa (-0,21 puntos respecto al PIB).

Por encima de la macrogestión económica del país, el reconocimiento político y social del recién concluido gobierno de Mujica es casi unánime.

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De hecho, según las últimas encuestas publicadas casi dos de cada tres uruguayos aprueba su gestión y menos de la quinta parte la rechaza abiertamente.

Entre otras medidas, el gobierno de Mujica planteó una lucha contra la pobreza y la miseria, persiguió una apertura política del país con la adopción de medidas como la acogida de un contingente de familias de refugiados sirios, el asilo de seis presos de Guantánamo o el intento (frustado) de mediación en la resolución del conflicto entre el gobierno colombiano y las FARC. Durante su etapa de gobierno, Uruguay se ha convertido en el país más progresista de Latinoamérica con la aprobación de leyes como la legalización del aborto, el matrimonio homosexual o la regulación del mercado de cannabis.

Pero más allá de la gestión de su gobierno, está su propia figura. Su pasado como guerrillero y preso, su forma de entender la política y el pronunciamiento de célebres exabruptos y varios discursos filosóficos para la posteridad, como los pronunciados ante la sede de las Naciones Unidas (ONU) en los años 2012 y 2013, le han valido el reconocimiento internacional, convirtiéndolo en uno de los políticos más populares de América Latina y del mundo.

Independiente de que ciertos aspectos de su gestión pudieran ser o no criticables, tanto seguidores como detractores coinciden en que el expresidente, y ahora senador, Pepe Mujica es un político fuera de los clichés del modelo convencional, cuya forma de hacer política siempre ha sido siempre congruente con su modo de vivir y percibir la vida. Su salida deja un vacío político irreemplazable.