Rajoy adelanta una recuperación económica sin precedentes que rescate al PP de la debacle electoral, sacando de su chistera -y a destajo- 3 millones de puestos de trabajo; Pedro Rodríguez corta cabezas en su propia sede a lo Enrique VIII, dándoselas de casto (no de "la Casta") y presencia como sus propios líderes se desbancan y luchan como leones entre sí, al mismo tiempo que prevé un más que necesario pacto con Podemos, sus sabandijas electorales… que a la postre juegan con la expectación popular por asistir al fin del bipartidismo -con la connivencia de un inesperado e incómodo auge de Ciutadans

En medio de todo este tumulto, ¿dónde queda el romanticismo catalán? ¿Dónde queda esa magnifica V que salió hasta en la más remota Al-Jazeera? ¿Dónde quedan aquellas manifestaciones tan románticas y multitudinarias que hacían gala de su pacifismo y buen talante (tarannà) catalán que hasta Berlín el centro financiero de Europa se dignó a retransmitir en directo?

Sumergidos en pugnas internas por quién llevará el cetro del nuevo Estado catalán, a lo Tomás More con su Utopía imposible, los líderes independentistas Mas-Junqueras se descuartizan antes de querer llegar a un pacto, usando el chantaje presupuestario como moneda de cambio.

No te pierdas las últimas noticias Sigue el canal Historias

Ya fue mucho antes, después del "y ahora qué" post 29-N, que los movimientos de la ciudadanía exigieron a cacerolada limpia que se pusiesen de acuerdo, al tomar el pulso a un pueblo catalán que, desconcertado por el abismo post- consulta, vio que todos sus esfuerzos, reivindicaciones, salidas a la calle, camisetas bicolores y demás artículos de marketing independentista se reducían a meros actos folklóricos, mientras lo grandes luchan por llevar la Senyera y a los de Iniciativa les sacudía el pánico escénico y aprovechaban para desvincularse -de forma muy discreta, por si acaso- de lo que parece haber sido una moda.

"Llegaremos a un pacto sobre la hoja de ruta antes del viernes", anunciaban los mandamases del bloque soberanista la semana pasada, y aún lo estamos esperando. A decir verdad, ya creo que casi nadie espera nada. Los políticos se refugian en que por manifestar, el pueblo ya se ha manifestado y ha demostrado lo suficiente, que ahora es la hora de pedagogía y de explicar cómo van a cambiar nuestras vidas, que por eso se están forjando las estructuras de Estado -a puerta cerrada, todo sea dicho- y que muy probablemente quedarán ahí, estancadas, como estatuas dóricas y jónicas griegas, como un Partenón griego que también se volcó a votar un sueño, el Gran Cambio de Tsipras que sería la mecha del Gran Cambio en Europa y en el Mundo, y que al final parece quedarse en agua de borrajas.

Eso sí, un Partenón muy bonito en lo alto de la colina que recuerda que hubo un tiempo en que ellos fueron el referente de la gobernabilidad.

Vídeos destacados del día

Tempus fugit.