En los tiempos que corren, resulta complicado hacerse un hueco en el mundo laboral. Encontrar un empleo que se ajuste a nuestros intereses y prestaciones se ha convertido en una tarea tan compleja que por momentos descuidamos lo verdaderamente vital: nuestra esencia como seres humanos. Una vertiente que queda aparcada a un segundo plano cada vez con mayor frecuencia por temor a no adaptarse al perfil requerido.

Trucos y recomendaciones para superar una entrevista de trabajo, la posición corporal que debemos mantener, qué tenemos que evitar decir... Son tantos los cánones que nos instruyen que debemos seguir en esta disciplina que nos transformamos en una persona diferente cuando procedemos a tomar asiento frente al entrevistador. Como una puesta en escena de extensa premeditación y aprendida al detalle que refleja cómo queremos que nos vean y no cómo somos realmente.

¿Hasta qué punto mantener saber estar condiciona e incluso manipula nuestra personalidad? ¿Qué separa el límite entre pulir pautas de comportamiento y fingir ser alguien que no somos? Tanto en las entrevistas de trabajo como en muchas otras coyunturas, la realidad es que nuestros hilos están atados a lo que dictan los protocolos. Un surtido de normas impuestas que programa nuestro cerebro para actuar según lo políticamente correcto y que en algunas ocasiones distorsiona nuestra identidad.

Existen otras cuestiones que merodean por mi cabeza y que pueden ofrecer una respuesta al origen de estos comportamientos.

¿Por qué el análisis de los entrevistadores hacia los futuribles candidatos es tan minucioso? ¿Y si simplemente se trata de una creencia errónea nuestra que propicia que adoptemos un rol distinto? Aunque a día de hoy no seamos capaces de dar con la respuesta, no debemos aislar nuestra verdadera esencia del proceso al que nos enfrentamos. Lo que nos desmarca a unos de otros no se negocia y no hay empresa que lo pueda comprar porque el mejor contrato que uno puede firmar es mantenerse fiel a uno mismo. Y eso es algo que sólo la conciencia conserva perpetuamente.