Cuando Felipe González dejó de ser "Isidoro" tras ganar el Congreso de Suresnes y regresó a Sevilla, ya investido como nuevo mandamás del PSOE, la primera visita que hizo cuentan que fue a la casa de don Javier Benjumea Puigcerver, el hombre que fundó la multinacional Abengoa allá por el año 1941.

Desde entonces, la todopoderosa de las energía renovables de este país frente a las nucleares ha sufrido un crecimiento exponencial vertiginoso acompañado de una progresiva inmersión en la polémica. Hace pocas fechas incluso se pusieron en cuestión sus cuentas en la bolsa y se vio forzada a presentar una rectificación. Dicha espiral se ha visto favorecida por una creciente exposición mediática, algo en lo que el fundador era especialmente celoso.

La estrecha relación de la compañía con el mundo de la política, que se remonta a los tiempos del franquismo, ha rellenado muchas páginas en los periódicos. La inclusión en su órganos de gestión de relevantes integrantes de la Casa Real, algún que otro familiar del anterior Rey y de destacados miembros de la política nacional ha puesto al descubierto el alto grado de influencia de la compañía en los círculos de poder.

En paralelo, la actuación de Abengoa y sus filiales en materia de contratación pública la ha colocado en el punto de mira de la Justicia y su nombre ha aparecido en los sumarios de algunos casos de corrupción en Andalucía, como el Caso Poniente y el Caso Marismas, en los que están imputados políticos y empresarios por hacer mal uso del dinero público.

Por si fuera poco, las relaciones laborales en el seno de la empresa se asemejan bastante a las de los contratos basura, hasta tal punto que sus propios empleados llaman a la central de Palmas Altas con el clarificador nombre de "Palmatraz", en clara alusión a Alcatraz.

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El caso más significativo fue el relacionado con el comedor de la empresa que provocó incluso un plante de los empleados. "El comedor es un project finance de la propia Abengoa y por eso obligan a la gente a comer allí", afirma una extrabajadora.

También añade que se sintió engañada al ser contratada como auxiliar administrativo de nivel 2, cuando en la realidad "ejercía de secretaria de dirección con un contrato de obras y servicios en la India" y su puesto de trabajo estaba "en Madrid y se me aplicaba el convenio colectivo del Metal de Sevilla".

Además está la obligatoriedad de trabajar más horas que las estipuladas en los contratos. Otra extrabajadora, en este caso de la filial Abeinsa, narra que "el estrés que le provocó dicha medida la obligó darse de baja por enfermedad". Curiosamente, pocos meses más tarde de comunicar que no echaría "más horas de la cuenta" su contrato no fue renovado sin causa aparente.

Tales condiciones tampoco les son ajenas al personal directivo.

Según la primera fuente "no se pueden coger el mes reglamentario de vacaciones, porque tienen comités de dirección todas las semanas y una sí y otra no tienen que desplazarse a Sevilla para la reunión".

Todo este clima de conflictividad se ve agravado por el hecho de la no existencia de representación sindical en la compañía y la ausencia total de negociación colectiva, porque "quien se ha presentado a elecciones ha sido inmediatamente despedido" y además "no hay inspecciones de trabajo nunca".

Lo curioso es que Abengoa da por única respuesta a todo esto el silencio más absoluto. De ahí que su momento no sea el más idílico. Y eso que desde determinadas instancias insistan en ponerla como ejemplo.