En 2014 muchas mujeres han encabezado protestas por la lucha de sus derechos, aún a sabiendas de que el camino no les iba a ser fácil y de que el patriarcado es una forma de vida tan arraigada que hasta pedir el mismo salario por el mismo trabajo parece algo radical. Con eso todavía por conseguir, imaginar el derecho a no depilarse, a no maquillarse para parecer más profesional en el trabajo o a no considerar el desnudo femenino como una provocación mientras los hombres pueden ir sin camiseta y es, como mucho, falta de educación, es impensable.

Todavía hay sentencias que obligan a las mujeres a llevar falda en el trabajo, por "Imagen de empresa" (caso Renfe) y juzgados que consideran que la violencia machista es algo anecdótico, como si no estuviese más que institucionalizada al menos en su vertiente simbólica.

Ante esta opresión, muchas mujeres del mundo han llevado a cabo acciones en defensa de sus derechos y de los de todos con el objetivo de romper la función de perfecta muñeca bonita de mirar. Entre ellas, la mujer de Teherán que bailó en el metro de la ciudad mientras se desprendía de su yihab a modo de protesta por las leyes restrictivas de su país, que prohíben entre otras cosas ir sin el pañuelo y bailar en público; la de las actrices de Hollywood hartas de ser perchas de lujo que reivindicaron bajo el Hashgtag #AskHerMore que querían ser entrevistadas por su interpretación, no sobre sus vestidos o su físico; la del grupo de mujeres que protestó en la plaza de las banderas de Cuba por la defensa de los Derechos Humanos; las protestas de las Mujeres del Carbón en Asturias, un sector en el que se encuentran poco representadas e infravaloradas; las más de 200 que intentaron inscribir su cuerpo en el Registro Mercantil español para protestar contra la Ley del Aborto de Gallardón; las ocho mujeres arrestadas en Nueva York por encadenarse en la calle durante una reunión del Partido Demócrata y reivindicar los derechos de las personas migrantes en situación administrativa irregular; las dos mujeres que desfilaron con mensajes pintados en su cuerpo en el desfile Estilo Córdoba contra los estereotipos de belleza que empujan a tantas personas a la bulimia y a la anorexia; las mujeres de Kenia que con la consigna #MyDressMyChoice reivindicaron su libertad para vestir sin que se considere como una carta blanca para la violación; las activistas de Femen en Roma que protestaron delante del Vaticano por una visita del Papa al Parlamento de la Unión Europea, ya que consideraban que el "papa no es un político" y que su visita rompía el principio de secularización de la Unión.

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Por ellas, por todas ellas y por todas las grandes mujeres de la historia, por todas las que fueron quemadas por vivir al margen de una sociedad opresora, las que son discriminadas por no ajustarse a un estándar de belleza, las que son oprimidas por su forma de pensar, las que son tachadas de 'cualquieras' por vestir de una forma o por disfrutar de sus relaciones sexuales, las que forman grupos de rap aunque las critican porque "los hombres lo hacen mejor" (caso de Pupiles Dilatives), las que discuten sobre el tema aunque las tachen de radicales, de feministas en un aspecto negativo.

Por las que saben que ser mujer no tiene porque ser ser educada, tener la casa como los chorros del oro y vestir a la última moda. Por las que saben que ser mujer es, simplemente, ser, cada una a su manera, sin patrón. Pero como no partimos de una posición de igualdad, sólo para eso, sólo para ser en libertad, tenemos que luchar.