Cuando dejó Intereconomía TV, ahora convertida casi en una Televisión de "todo a cien", Josep Pedrerol llegó a Atresmedia y se instaló allí con un equivalente de "Punto Pelota", "El chiringuito", que no es una nueva versión de la canción de Georgie Dann, sino un programa similar a "Punto Pelota" en el canal Neox.

Pero luego, la cadena le encargó presentar "Jugones" a las tres de la tarde, el programa deportivo que va después de La Sexta Noticias. Y si cuando estoy comiendo en casa veo, por lo que lo ve mi compañera de piso, el anterior programa, cuando va a comenzar "Jugones", apago la tele. ¿Ustedes se preguntarán por qué? Ahora se lo contaré.

Primero, por sus absurdas presentaciones con música de película de terror, de titulares sensacionalistas, buscando siempre polémica donde muchísimas veces ni existe ni existirá. Una de sus últimas paridas, y dicho sea con la palabra coloquial, fue al día siguiente de que el Barça diera una exhibición ante el Manchester City en la primera parte del partido de ida de la Champions entre ambos clubes.

Cuando hasta la Prensa madrileña, siempre ansiosa en encontrar defectos al Barça que hagan dudar a ellos de por qué es el Barça más querido en vez del Real Madrid, reconoció que el Barça lo bordó esos primeros 45 minutos,"Jugones" empieza con algo que pasó desapercibido durante el partido: "Mordiscos". Y muestra a Luis Suárez, el bigoleador blaugrana de esa noche.

Parece ser que tuvo un rifirrafe con un defensa del equipo inglés, algo lógico conociendo el carácter del uruguayo, al que el Barça fichó porque es como Christo Stoichkov, el legendario jugador búlgaro.

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Pero "Jugones" parecía que había descubierto América, o mejor la Penicilina, con que Suárez podría haber intentado morder a su marcador.

Y siguió el reportaje sin que nos enteráramos quienes vimos el partido por televisión de esa gran primera parte, sólo de extraños líos o conspiraciones que incluso podrían haber perjudicado al City. Esa fue para mí la impresión final. Seguro que si el árbitro hubiera sido el polémico Ovrebo (el noruego al que incluso los madridistas culparon de no señalar penaltis a favor del Chelsea la noche del gol milagroso de Iniesta que clasificó al Barça para la final de Roma que le dio su tercera Champions), le hubieran acusado de cualquier cosa e incluso hubieran denunciado presuntas injusticias de él contra el City, como si el equipo inglés fuera un trasunto de Nelson Mandela en la cárcel por el "apartheid".

No, no exagero. Otras veces se han metido con el Real Madrid, como después de la famosa fiesta de cumpleaños de Cristiano Ronaldo después del baño que les dio el Atlético de Simeone, pero cuando es el Barça, aunque haya tenido algún partido malo que merece malas críticas, o la incompetencia de su actual directiva, destilan una mala baba carente de toda objetividad.

Y ahora, con lo de Joan Laporta intentando hablar en catalán, lengua oficial en Catalunya, uf.

Y no hablemos de sus comentarios editoriales, más de telepredicador donde sólo él irá al Cielo. Luego poco lo arregla con su cara de bueno, de campechano, queriendo demostrar que no es malo. No digo que lo sea, para nada, sólo que su estilo no me gusta nada. Es más, seguro que agrada a Eduardo Inda, ex director del Marca y partidario de parar a Messi por la fuerza. Quizá sea como las películas de acción que pone La Sexta, para atraer a una audiencia diferente de la que ve al Gran Wyoming o a Jordi Évole.