De todos es sabido cuanto han mejorado las telecomunicaciones en estos últimos años con la llegada de las redes sociales, tales como Facebook o Whatsapp, tan aceptadas en la sociedad actual.


Bien es cierto, que nos permite estar conectados con cualquier persona y en cualquier lugar del mundo. Digamos que hasta aquí todo son ventajas, y pese a que yo era escéptico y algo reacio al uso de estas redes en sus inicios, como muchos de vosotros/as sucumbí a esta nueva forma de comunicarnos.


Llegué a pensar incluso que éramos un "matrimonio perfecto", mi móvil y yo siempre estábamos juntos, cuando pasaban unos minutos y no lo tenía localizado iba corriendo en su búsqueda.


Tuvo que llegar el día, hace mes y medio aproximadamente para que el destino nos separase. Me sentí desolado cuando me lo robaron en el centro de Milán, ciudad en la que actualmente resido. No sucede lo mismo cuando estás en tu país porque normalmente tienes otros recursos, alguien a quien acudir. En aquel momento fue algo traumático, pues te sientes perdido e insignificante. Un individuo más del que nadie sabe, ni si quiera él.


Los primeros días son comparables a la dependencia a ciertas sustancias como la nicotina del tabaco cuando dejamos de fumar. Sientes esa necesidad, te falta algo, notas que estas solo. Lo siguiente es la aceptación, y finalmente decidí emplear mi tiempo en algo útil. Sin televisión y sin internet en casa, retomé la lectura de un libro que tenía aparcado, no conforme con esto convertí la lectura en rutina, cada tarde después de comer me iba al parque a leer y cuando me daba cuenta habían pasado horas; disfrutaba de la magnífica puesta de Sol que nos ofrece el Lambro desde su colina. A este libro le siguieron otros tres, y despertó en mí la pasión por escribir que siempre tuve. Poco a poco empecé a perder ese miedo del principio y al contrario de lo que pensaba, cada dia me sentía más libre que el resto, sin preocupaciones banales como contestar y esperar una respuesta.


Puede parecer que exagero cuando digo que agudicé mis sentidos, acostumbrado a caminar entre la multitud pendiente de una pantalla, mientras lo demás me pasaba desapercibido, sólo aquí te das cuenta de cuanta gente al igual que yo, se pierde en esta rutina.


Tengo que reconocer que antes odiaba a esos pobres músicos que nos acompañan en el vagón del metro con el único propósito de ganarse el pan, así como los que actúan en las grandes avenidas los encontraba molestos. ¡Qué equivocado estaba! Parar un minuto a escucharles de camino al trabajo reconforta; dentro de ese tren donde todos están cabizbajos abducidos por sus teléfonos, en cambio para mí su música, dibuja en mi rostro una sonrisa que da comienzo a la jornada.


En este periodo muchos han sido los cambios positivos, no sólo ocupo mi mente en otras cosas sino que además gozo como un niño de mi tiempo libre, invito a mis amigos a cenar a casa y no me importa pasar horas cocinando para ellos, ya que dejar de estar en contacto a cada segundo hace que cuando les veo es como si hiciera meses.


Todo esto para llegar a dónde, os preguntaréis. Dentro de poco recibiré la respuesta del seguro, y muy probablemente me enviarán un nuevo terminal. Tal vez no todos/as os identifiquéis conmigo, creo que a mí mismo me ha tenido que pasar para comprenderlo, aun así he decidido compartirlo por si a alguien le sirve de ayuda o le despierta curiosidad el tema.


Ahora lo veo desde otro prisma y me planteo el volver o no a utilizar mi smartphone como antes, nos estamos deshumanizando, ¿es libertad o condena este exceso de comunicación? ¿Somos libres o la sociedad nos impone llevar este ritmo frenético, obligándonos a estar conectados continuamente?


Os invito a la reflexión, esto que cuento es solo una vivencia personal que dista mucho de hacer apologías.
#Redes Sociales #Smarthphone