Arthur Miller escribió en 1947 una obra de teatro que se titula "Todos eran mis hijos", se han hecho de ella varias versiones en película, la obra se basa en el engaño de un hombre que durante la II Guerra Mundial vendió al ejército americano piezas defectuosas para sus aviones, como consecuencia murieron 21 pilotos. Uno de sus hijos que también lo era, no pudiendo soportar la vergüenza al conocer la acción de su padre se suicida estrellando su avión. El hombre lejos de arrepentirse de sus actos los niega y responsabiliza a su socio.

Es curioso contraponer esas dos posturas, la avaricia y el honor por un acto del que no eres responsable, anteponer los propios intereses materiales a la vida de las personas es avaricioso.

 Parece que últimamente olvidamos demasiado a menudo que el mundo es vida expresada de múltiples formas, la vida se autogenera a sí misma.  La naturaleza no tiene cosas y es gracias a la naturaleza que estamos vivos. Los hombres construimos cosas, en teoría para facilitarnos la existencia, pero en el momento en que empezamos a anteponerlas a la propia vida caemos en la avaricia.

No entiendo como alguien puede valorar tan poco la vida para matar fríamente a gente a la que no conoce, pero tampoco entiendo como nadie puede anteponer un programa de televisión al dolor de 150 familias o como puede frivolizar sobre el origen de los difuntos, que ante todo y sobre todo eran personas con virtudes, defectos, sueños, esperanzas,.... personas.

Criticamos el fanatismo religioso, y los totalitarismos, la base de estos es cosificar al enemigo, cuando dejamos de ver al que tenemos enfrente como a una persona, perdemos la capacidad empática que nos ayuda a ponernos en su lugar, a compartir aunque sea un poco su dolor y eso es lo que permite las grandes atrocidades.

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Anteponer una emisión televisiva a una noticia de tan fuerte magnitud, es cosificar a las personas implicadas "esos muertos no son lo míos" luego no me importan, el dolor de esas familias no es mi dolor, no lo quiero conocer...

Cuando perdemos la empatía perdemos una parte importante de nosotros mismos, las categorías están bien para clasificar las cosas, mientras no olvidemos que las clasificaciones son muletas que nos ayudan a comprender el mundo, un mundo que en esencia es vida. Pienso en los dos bebés que no llegarán a crecer y pienso en el dolor de 150 familias destrozadas, no son mi familia y por mucho que lo sienta mi dolor no va a acercarse al suyo, pero al menos cuentan con mi respeto y creo que eso es lo mínimo que cualquier persona debe ofrecer a otra.