Estoy escuchando una estrofa de la canción "Sácame de aquí", de Enrique Bunbury. Habla de que las malas hierbas solo están en mal lugar. Esto me hace seguir pensando en la farmacia natural que es el suelo de nuestro planeta. Y es cierto lo que dice el cantante. Las "malas hierbas" no lo son. Simplemente, han nacido en el sitio equivocado. Pero hay quienes piensan que deben prohibirse.

La anatemizada Marihuana, una "mala hierba" a la que, farmacéuticas con el beneplácito de gobiernos con intereses económicos, tachan de maldita. Es un peligro para ellos que se conozcan sus potentes propiedades curativas. Enemiga acérrima de la Esclerosis Múltiple, Glaucoma, tumores cerebrales y un largo etcétera que podemos averiguar si investigamos por nuestra cuenta.

Por fortuna, ya ha dejado de ser un secreto. Algo similar ocurre con la hoja de la Coca, que tan solo es legal si es usada por Coca Cola, pero en ella, como en el agua de mar, remedio contra la desnutrición, podemos encontrar los alimentos más ricos y completos. Un verdadero regalo de la naturaleza que, insisto, nos quieren vender en forma de medicamento que lo que hará, en su mayoría, es producir graves efectos secundarios y cronificar nuestra enfermedad.

Es natural que en las multinaciones farmacéuticas haya saltado la alarma. Por ello, estas industrias, entre las que se encuentra el tristemente conocido Monsanto, producen y comercializan productos herbicidas para eliminar de nuestro alcance esta fuente de salud que son las "malas hierbas". Pero no queda ahí la cosa. Los alimentos tratados con estos herbicidas, van depositando residuos en ellos que, como es lógico, acabarán en nuestro organismo.

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De este modo, rentabilizarán su negocio porque, con toda seguridad, enfermaremos. Y el negocio continúa, próspero y mortal. Insecticidas, semillas transgénicas,, herbicidas, insecticidas que poco a poco van envenenado nuestros campos y con ello, nuestra salud. Ellos fabrican la enfermedad y luego la cronifican con sus medicamentos. Terrible, pero cierto.

Vamos a recuperar esta ancestral cultura de nuestros "ignorantes antepasados". Estas plantas olvidadas deben ser recuperadas y dadas a conocer a todo ser humano. Es un derecho al que no debemos renunciar si queremos vivir "en salud" porque, aparte de sus propiedades medicinales, estas plantas pueden estar en nuestra mesa a diario, como un alimento más. Muy ricas en la cocina diaria. Tan solo hemos de disponer de una buena tierra, unos cuantos tiestos y la plena confianza de sus indiscutibles beneficios.