El avión de la compañía aérea de bajo coste Germanwings accidentado en Los Alpes podría ser visto por los más escépticos y críticos con este modelo de aerolínea como un punto de inflexión de cara a las preferencias de aerolínea a la hora de volar.

Sin embargo, debe quedar claro que todas estas compañías conocidas por sus bajas tarifas, como pueden ser Ryanair, Easyjet, Germanwings, Vueling, y otras filiales europeas o de otros continentes, están sometidas a las mismas regulaciones de mantenimiento, mecánica y eficiencia técnica y tecnológica que la exigible a las aerolíneas de mayor recorrido o historia, prestigio si se le quiere llamar así.

Es más, de acuerdo con la Asociación de Compañías Españolas de Transporte Aéreo (ACETA), que analizó los datos recogidos por la JACDEC (Oficina Alemana para la Investigación de Accidentes Aéreos, que llevó a cabo un estudio sobre la siniestralidad aérea durante el año 2013, destacó que durante 2013, un total de 3.100 millones de pasajeros volaron en los 36,5 millones de vuelos comerciales que se programaron durante todo el año.

Según señalaron fuentes de la citada Agencia, una persona que viajara en avión todos los días tardaría nada más y nada menos que 3.000 años en sufrir un accidente.

Como puede verse, es casi imposible sufrir un accidente.

A los hechos me remito: Ryanair nunca ha tenido un accidente en uno de sus aparatos, y es una compañía de bajo coste. En cambio, sí fue obligada por el Gobierno Español a revisar su política de combustibles tras apurar demasiado la reserva de sus aviones. Todo ello para cumplir con las exigencias de las regulaciones aéreas.

Es decir, y como la propia muletilla así lo evidencia, todas estas aerolíneas que han sido fundadas recientemente buscan maximizar los beneficios reduciendo siempre costes, siempre y cuando la normativa se lo permita. Ello redunda principalmente en los servicios ofertados o la calidad de los mismos, pero nunca con cuestiones como la seguridad aérea o el mantenimiento del avión.

Lo mismo que para los coches más baratos se les exigen unas medidas de seguridad mínimas contempladas tanto por normativas nacionales como europeas, la misma regla de tres persigue a las aerolíneas de bajo coste.

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De hecho, cada compañía aérea requiere de una licencia para poder operar en el aeropuerto donde aloje la aeronave, licencia revisable y que caduca y debe ser renovada, cumpliendo nuevamente con las regulaciones más exigentes y actualizadas en el tiempo. De ahí que el porcentaje de siniestralidad sea tan reducido, como apuntaba más arriba.

Este tipo de aerolínea se encuentra mayormente en aeropuertos secundarios, las bebidas o las comidas no se incluyen en los viajes, y no hay maletas adicionales sin coste alguna para embarcar. Los billetes son electrónicos, existen sanciones por saltarse el peso exigido de las maletas, y un largo etcétera.