Cuatro siglos, un traslado, cuatro desamortizaciones del convento, catorce meses de investigación y 114.000 euros invertidos ha sido lo necesario para poder afirmar que "es posible que los restos encontrados sean los de Miguel de Cervantes".

Un despropósito al que muchos no encuentran sentido. Aunque a nadie pasa desapercibida la intención subyacente de sacarle partido al "descubrimiento", aprovechando la fiebre de peregrinar a tumbas ilustres que tan de moda se ha puesto.

Si el escritor levantara la cabeza entre esos restos, perdería la cordura como su famoso hidalgo y lucharía contra molinos de viento, cuyo resultado sería el mismo que si intentara dialogar con la clase política sobre la conveniencia de gastar el dinero de las arcas municipales en remover sus huesos o buscar una causa más noble.

Y como es presumible que se acometa una tercera fase, no podemos estimar a cuánto ascenderá el gasto final para identificar los restos que puede que sean, o puede que no, de Cervantes. Todo apunta a que este hallazgo quede a la altura de los retratos del Manco de Lepanto, ninguno de los cuales ha llegado a ser autentificado.

Las monjas de las Trinitarias no se han visto en una como esta, el convento nunca había estado en boca de todos como lo está ahora. Y seguro que la magnificencia de la alcaldesa ya tiene previsto cómo amortizar las inversiones realizadas. Se manejan varias ideas al respecto, "tormenta de ideas" han sido las palabras de los representantes municipales, muy creativos ellos.

Una de las opciones sería convertir una parte del convento en un centro cultural dedicado al siglo de oro.

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Otro proyecto que se baraja es la apertura de un acceso del público a la cripta, pudiendo prolongarse la visita hasta ciertas partes del templo.

Ya me imagino al guía explicando que lo que están viendo podrían ser los restos del "príncipe de los ingenios", o tal vez los de su esposa, los de su hija, o los de alguna de las 15 personas que fueron enterradas allí.

Vayámonos preparando para una promoción "cultural" intentando imitar la que los ingleses hacen de William Shakespeare. Ardua tarea pretender que los jóvenes se lean el Quijote, casi tanto como convencernos de que un "puede" de tanto presupuesto es una gran revelación. Como diría el dramaturgo inglés, mucho ruido y pocas nueces.