El accidente de avión de la compañía Germanwings, que ayer martes se estrellaba en los Alpes franceses, ha dejado conmocionado a todo el mundo. La catástrofe ha tocado de cerca, principalmente, a tres países España, desde donde despegó; Francia, donde se estrelló y Alemania, donde debía haber llegado y nunca ocurrió. Sin embargo, es una catástrofe en la que no importan las nacionalidades y donde a nivel global se están llorando a las 150 víctimas que ha dejado el terrible accidente.

Noticias como esta sobrecogen a la población y reavivan los miedos a volar. De por sí, el avión es el medio de transporte al que más respeto le tienen los pasajeros. Pocos hay que teman al coche, tren o barco; pero cuando se habla de ir por el aire, ya es otro tema. Y aunque es mucho más frecuente que sucedan accidentes en las carreteras, con víctimas mortales, la trascendencia de un accidente aéreo sigue despertando la desconfianza de los potenciales pasajeros. 

Aún así, los expertos continúan asegurando que el avión es el medio de transporte más seguro que hay, a pocos convence después de siniestros como el ocurrido con el Airbus 320.

Sin embargo, atendiendo a los datos, existe 1 probabilidad entre 2,400,000 de vuelos de sufrir algún percance grave a bordo de un avión, mientras que la posibilidad de tenerlo en un coche es de 1 entre 300,000. Y es que, por muy aparatosas que sean las noticias de aviones estrellados, el porcentaje es sumamente reducido en comparación, así como el número de fallecimientos anuales respecto a los que tienen lugar en las carreteras.

Por otra parte, hay que pensar que el seguimiento tan detallado de estos sucesos viene propiciado a la escasez de ellos. Siempre lo novedoso es noticia, por encima de algo a lo que estamos más acostumbrados, como son los accidentes de tráfico, hasta terminar inmunizándonos al respecto.

Aunque al año mueren muchas más personas en las carreteras, tras un accidente de coche nadie pregunta a ningún otro conductor si tiene miedo a seguir conduciendo. Diferente es cuando hay una catástrofe aérea donde se ahonda mucho más en el morbo que despierta ya que, por desgracia, las consecuencias de algo así se traducen en la muerte de cientos de personas, por lo que siempre adquiere mayor relevancia mediática.