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Hoy es un día teñido de luto para todos los que nos consideramos españoles. Tal día como hoy hace 11 años, nuestro país sufrió el atentado más sangriento, despiadado y cobarde de nuestra era moderna.

Esa fatídica mañana de un jueves, diez mochilas cargadas con sendos explosivos, subieron al tren con billete de ida. Decimos bien, porque fue un viaje sin retorno para las numerosas almas que allí partieron para no regresar más.

El reloj se paró en el corto periplo que discurre entre las 7:37 y las 7:39, pocos minutos durante los cuales, diez bombas detonaron, y con ellas, el trayecto vital de 192 personas de múltiples nacionalidades.

Lejos de la torpeza de los partidos políticos, tanto los que gobernaban, por su intento de resolver los atentados con celeridad para que no influyera en su resultado electoral, como el máximo partido de la oposición, aprovechando la circunstancia para hacer leña durante esas jornadas, lanzando dardos a diestro y siniestro para hacer mella en el sentimiento a flor de piel de los votantes, lo que realmente sobresalió aquí fue la calidad humana que se vivió en esa fatídica jornada.

No se nos borrará esa imagen de esos héroes anónimos que, sin saber de mecánica, ni de dinamita, ni de miedo, por supuesto, saltaron a las vías del tren, respondiendo a los gritos de auxilio que se alzaban al cielo buscando ayuda y consuelo. Resonó en sus conciencias y no lo dudaron en ningún instante. Muchos heridos de gravedad se salvaron gracias a la bondadosa y extraordinaria actitud que mostraron estos valientes.

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Esta jornada no es festiva, puesto que muy pocas cosas se pueden celebrar de este triste día. Pero sí que es de ley recordar a todas estas personas del pueblo, que tuvieron el suficiente arrojo para ayudar, sin ánimo de lucro, sin intereses, desconociendo la autoría de los hechos, ignorando el peligro de más explosiones, acudiendo a la ayuda de las víctimas del atentado como una llamada innata y primigenia, sin pensar en las consecuencias, porque eso es lo que había que hacer.

Es lo realmente importante de ese hecho acaecido un jueves 11 de Marzo, la lección moral, ética y humana que todo un pueblo dio a la clase política y a los que sesgaron la vida de tanta gente. En mis treintaitantos, y en lo que me quede, mi admiración por vosotros no cesará, siempre estaréis en mi recuerdo, así como la Tizona era para el Cid, vosotros fuisteis aroma fresco para la conciencia.