Desde que apareció en antena hace casi 15 años, el reality show titulado "Gran Hermano" ha captado la atención de la audiencia y muchos concursantes se han dedicado a vivir de las rentas de haber participado en él, o no han sabido readaptarse a una vida "normal" fuera de dicho programa. Tengo que confesar, y creo que no he de pedir perdón por ello, que jamás me ha enganchado dicho programa, nunca he visto uno solo de sus famosos debates, ya que simplemente empecé a ver uno y a los veinte segundos (debo haber batido el récord) dejé de verlo, al no oír nada más que chorradas, una tras otra, sin el menor interés intelectual o verdaderamente sociológico.

Y no digo todo esto con ese aire de superioridad que tienen algunos intelectuales, como el desaparecido Paco Umbral, que parecía despreciar todo aquello en donde él no fuera, como dice el tópico, el novio en la boda y el muerto en el entierro. Simplemente que soy de los que me educaron en cultivar tu inteligencia, tratar de superarte, no conformarte con ser un mediocre toda la vida, o al menos tratar de hacer algo útil de verdad.

Que "Gran Hermano" empezó quizá como eso, como un experimento sociológico (sic), pero como la audiencia, mayoritariamente de gente poco cultivada y que lo único intelectual que lee son revistas del corazón o las declaraciones de futbolistas que sólo sueltan tópicos, despreciaba a todo aquel que se saliera de ese molde de caradura de encefalograma plano, y la cosa fue degenerando edición tras edición.

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Incluso continuaron con famosos, que vivían del cuento aún más que los concursantes "normales".

Ahora, con la estrambótica entrada y salida del hijo de Isabel Pantoja, tan esperpéntico todo como el propio personaje, menos soportable se me hace dicho programa. Me acuerdo de algo que leí hace años cuando en Francia empezó su "Gran Hermano", que si Albert Einstein, aquel genio de la Ciencia, hubiera entrado en aquella casa, en una semana le hubieran echado. Él no era para un antro así. Y no lo digo por moralismo, odio a los telepredicadores.

Hay miles de programas mejores, pero hoy en día, desde que existen las privadas, si no arrasas en los índices de audiencia suprimen un programa o una serie. Y también depende de la zona, las costumbres… El programa "Polònia" de TV3, en sus nueve años en antena, ha tenido que competir cada jueves precisamente con "Gran Hermano", o con la serie "Cuéntame", o con shows musicales. Da igual, cada semana, el "Polònia" era número uno de audiencia en Catalunya, o si no lo era, quedaba entre los primeros.

Yo mismo tampoco encajaría en ese programa. Estar aislado del mundo durante días, con lo curioso que soy, y encima tengo que ser uno de esos que no lee un libro, salvo que sea aquel best-seller titulado "Cómo ligar con esa chica que tanto te gusta y a la que le gusta otro". No, no es lo mío. El crítico televisivo Ferran Monegal acuñó el término "Ratomaquia" para definir a los concursantes de "Gran Hermano" desde que empezó en España, y a cada nueva edición han salido gente más esperpéntica, de los que sería mejor no hablar.

Sus presentadores llevan años intentando convencernos del "experimento sociológico" que hacen en cada edición, pero eso, los que somos más listos, no nos lo creemos para nada. Y encima se nota que muchos presuntos ligues entre concursantes están preparados, son poco naturales. Sólo para subir la audiencia.