A una comarca de Lérida se le ha ocurrido la brillante idea de vender la niebla como atractivo turístico con eslóganes "la niebla mola" y "piensa en positivo, piensa en niebla", que no son muy originales pero pueden influir en el ánimo de turistas ávidos de novedades. Siempre hay turistas dispuestos a moverse por cualquier motivo que se les ofrezca, unas veces las rutas son del vino, otras de la vida de un pintor famoso de siglos pasados, un recorrido por un cementerio, por un montón de piedras que en el pasado formaron un castillo, etc., lo interesante es salir de casa. Esa comarca leridana, concretamente Pla D´Urgell, ofrece 40 días de niebla para pasear por sus llanos.

También ha creado galletas en forma de nube y niebla embotellada, aprovechando que a los turistas es fácil venderles cualquier clase de recuerdos. 

En Zaragoza se podría imitar esa oferta turística de la niebla, pues tampoco nos privamos de varias jornadas todos los inviernos. Un eslogan podría ser "turistas en la niebla". La ciudad dispone de paseos, parques, puentes y una arboleda junto al río Ebro, lugares perfectos para dejarse envolver por el misterio de la niebla. Si la niebla fuese muy espesa, sería conveniente entregar a cada turista una campanilla o atarlos entre sí con una cuerda, pues no es cuestión de perder clientes. Noviembre, diciembre y enero forman el trimestre de la niebla y casi es una garantía que se presente unos 35 días en ese período.  

El enemigo de la niebla zaragozana es el cierzo, que bien podría representar otro aliciente para los turistas.

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Dejarse despeinar y empujar por la fuerza del viento exclusivo del Valle del Ebro es emocionante. En este caso sí sería muy útil que los turistas caminasen atados entre sí para que a ninguno se lo llevase el viento. Para las tiendas de recuerdos de la plaza del Pilar sugiero ofrecer cierzo embotellado. A veces se ha dicho que el cierzo es la novia de Zaragoza, una novia violenta y arisca, de rompe y rasga, opino yo.

En Zaragoza sopla el viento unos 280 días al año y 8 de ellos viaja a una velocidad superior a los 100 km/hora. El censor Catón llamó a este fuerte viento Cercio en el siglo II antes de Cristo y comentó que su fuerza era capaz de derribar a un hombre armado y a una carreta cargada, lo que hoy diríamos un soldado y un automóvil. Si las agencias de viaje están deseosas de ofrecer nuevas rutas turísticas para engordar su negocio, ¿por qué no lo intentan con un turismo de niebla y de cierzo?