Dentro de muy poco serán las Elecciones a la comunidad autónoma de Andalucía, siendo el mejor medidor de la intención de voto para las próximas elecciones generales. De esta manera sabremos si partidos políticos nuevos y en principio minoritarios se acercan a los grandes o si dan la sorpresa y se hacen con la victoria.

Partidos como Podemos, Ciudadanos, UPyD, entre otros, son los que más pueden dar la campanada y romper el bipartidismo electoral que lleva en nuestro sistema democrático moderno desde sus primeros momentos de vida.



El hecho de poder ejercer nuestro derecho al voto es un derecho fundamental, sin duda alguna para un estado democrático y de derecho, y es a su vez la principal arma que tenemos los ciudadanos corrientes, es decir, aquellos que no tenemos nada que ver con la política o como dirían algunos, con esa casta.

Un arma que tenemos el derecho más que el deber de utilizar cada cuatro años en condiciones normales.

Pues bien, dentro del amplio abanico de partidos, tenemos la posibilidad de elegir a uno que se gane nuestra confianza para depositar nuestro voto en él. Siempre pensamos al hacerlo que el elegido va a resolver nuestros problemas personales y algunas cosas de la sociedad y del sistema.

Pero casi ninguno de nosotros, los ciudadanos de a pie, hemos parado ni un par de minutos a leer bien las propuestas de aquellos que nos van a representar, simplemente votamos por ideología de izquierdas o de derechas y sí, también de centro, o incluso llegamos a votar con el corazón en vez de con la cabeza.



Ahora yo me planteo qué pasa si leemos las propuestas, votamos a la que más nos convence por su programa electoral y luego nada de lo que han prometido se lleva a cabo.

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¿Os suena no? Pues bien eso pasa en casi todas las elecciones y en casi todos, por no decir en todos los escenarios políticos, y no es más que romper un contrato y un vínculo de confianza que el ciudadano ha depositado en su representante, el cual si fuese honrado debería de dimitir del cargo, puesto que fue elegido para cumplir su promesa electoral y no otra cosa.



A pesar de todos los casos de corrupción y de mala praxis que han aparecido en los medios de comunicación, y que seguro seguirán apareciendo, no hay que perder la confianza en muchos de aquellos que sí son dignos del cargo para el cual fueron elegidos y que ni se les conocen ni son nombrados por los medios y que no se meten en política para intentar hacerse millonarios de la noche al día.

Por suerte aún podemos decir que existen ese tipo de personas que no se corrompen y que no esperan que les den una medalla por realizar su trabajo. Ellos son los que mantienen viva la ilusión de los ciudadanos en el sistema.