Celia Villalobos, ex alcaldesa de Málaga, ex Ministra de Sanidad y ahora Vicepresidenta del Congreso, ha robado involuntariamente protagonismo a Mariano Rajoy con su metedura de pata durante un discurso del Presidente a dos metros de ella.

Eso sí, no se ponen de acuerdo si era Candy Crush o Frozen el videojuego. Yo mismo no practico videojuegos, sólo aquel de matar marcianos cuando era adolescente, no sabría decir cuál era, pero ella se ha puesto en contra incluso a los del PP.

Si el otro día, después de ser entrevistada en La Sexta Noche, Paco Marhuenda estaba indignado contra ella, no sólo por estar a favor del aborto, sino "por insultar a 52 diputados del PP que prepararon la reforma de la Ley que ella tanto critica", ahora se ha ganado la enemistad de Miguel Ángel Rodríguez, que en un ataque de ira a su estilo en Espejo Público, pidió que ella dimita "porque se ha burlado del pueblo". Aquí parece que algunos aprovechan su equivocación para ajustar cuentas con ella, que apoya el aborto y el matrimonio gay.

Pero estoy de acuerdo, como todo el mundo, que ella debía ocuparse de su trabajo y dejar ver videojuegos o qué opinaba la Prensa del discurso de Rajoy cuando acabara el debate. Porque, o Rajoy estaba más aburrido que un programa televisivo de Fernando Sánchez Dragó, o Celia Villalobos tiene la cara más dura que no sé qué.

Es la única explicación que encuentro, aparte de que el País de las Maravillas que el Presidente pintaba en su discurso, si no se lo creía ni él, ¿cómo iba a creérselo ella? Y entonces decidió evadirse mirando a ver qué chistes sobre Rajoy había en Twitter.

Yo voy como público a los programas de televisión y recuerdo bien a los coordinadores como Valentina de La Sexta Noche o Diego de Pasapalabra advirtiendo que el primero que sea sorprendido mirando el teléfono móvil mientras se hace el programa o grabe imágenes del mismo para colgarlas en Internet, no sólo será expulsado del plató, sino que se quedará sin cobrar y jamás volverá al programa.

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Soy disciplinado en eso, incluso cuando el primer programa de aquella bobada que fue Splash, famosos al agua, cuyo rodaje fue tan caótico y lento que no nos dieron bocadillo y bebida… ¡Hasta las tres de la madrugada! Hubo gente que casi se amotina, hambrienta y sedienta, aparte del calor húmedo inaguantable de aquella piscina. Yo me hubiera quejado, pero necesitaba aquel dinerito.

Pues eso, si Celia Villalobos se aburría, lógico porque los políticos son especialistas en irse por las ramas en medio de un lenguaje anticuado pleno de cursiladas e hipérboles ridículas, y como Rajoy tampoco es un político de película ni se parece a Gary Cooper en El Manantial (él era un arquitecto que defiende la construcción de un edificio que se salía de lo convencional), cualquiera se hubiera desentendido del discurso. Los televidentes lo tenían más fácil, cambiar de canal e irse al programa de cotilleos de otra cadena (no a un programa literario, casi inexistente en las televisiones españolas, salvo el segundo canal de TV3).

Todo esto será el tema fuerte del momento hasta que venga el siguiente, como pasó con el "Morry Christmas" de Sergio Ramos, el "Caloret" de Rita Barberà (inenarrable ejercicio de hablar valenciano como los marcianos) o el "Finiquito en diferido" de la Cospedal. Anécdotas que funcionan más que los discursos que ayer los políticos, cada uno de un estilo, pretendía meternos con calzador. #Congreso de los Diputados