Es hermoso querer al Betis. Yo lo quiero. Pero es terrible escuchar en voces de aficionados que el maltrato, que la Violencia de género, es una broma que se puede airear a la par que los colores de un equipo enarbolando una bandera, que se puede vocear sin ser cómplice, de aquellos que utilizan la violencia tanto física como psicológica para amedrentar a las mujeres, para descalificarlas, para hacer que sus vidas sean una pesadilla, para que muchas desgraciadamente estén enterradas en muchos de nuestros cementerios.

Es terrible la impunidad de los que ofenden, de los que anteponen un gol, un futbolista, a la vida de una persona, a los que alardean de ser fieles, aunque su fidelidad sea atentar contra la dignidad de las mujeres.

¿Dónde estamos llegando? Cómo es posible que nadie para esto, que nadie salga y de la cara. No es posible aunque sea una minoría, que estos descerebrados revienten con sus insultos una vida y que nadie lo haya escuchado, que todos miren para otro lado y que la excusa sea que todos no somos iguales.

Menos mal. Menos mal que la mayoría no somos así, ¿pero de que sirve? Porque parece ser que unos cuantos pueden hacer mucho daño, que unos cuantos tiren por tierra todo un trabajo difícil, duro, de una sociedad que pasito a pasito y con mucho sacrificio lucha por erradicar este lastre social.

Cuanto daño tenemos que aguantar las mujeres. Cuantos insultos, cuantos silencios por parte de los que tienen que tomar medidas, ¿cuánto?

Cuando veo las imágenes de este grupo, me imagino a sus abuelas, a sus madres, a sus hermanas, a sus novias, a sus amigas y me pregunto, ¿qué hubiera ocurrido si a ellas les estuviera pasando esto, si las pusieran en tela de juicio públicamente, si las atacaran con tanta brutalidad, con tanta violencia?

 Seguro que más de uno perdería los papeles, que más de uno estaría al otro lado.

Vídeos destacados del día

Pero lo más triste, es que ni siquiera son capaces de pensar en ello.

Lo triste es que un país que se precie, que un país que evoluciona, haya comportamientos tan mezquinos, tan poco cívicos. Ojalá la única voz que se oiga en los campos de fútbol, sea la alegría y la deportividad. Ojalá la única bandera que ondee, sea la denuncia.