El otro día viendo un programa de opinión en la televisión, un periodista usó una teoría de un juego para explicar la labor que tanto Alexis Tsipras, Primer Ministro de Grecia, como Yanis Varoufakis, su ministro de economía, realizan en la búsqueda de un acuerdo europeo que permita concederle más tiempo a Grecia en el pago de sus obligaciones y sirva para rebajar las tensiones entre la troika y el nuevo gobierno heleno.

La teoría matemática de los juegos se usó durante la guerra fría para calcular estrategias militares y hoy día expertos economistas la utilizan para explicar teorías abstractas y darle un sentido lógico a sus enunciados.

La teoría que expuso el periodista fue el dilema de la rubia. Cuatro amigos tienen que ligarse a una rubia sin que eso afecte la relación de amistad que hay entre ellos, lo único malo es que sólo hay una rubia como único objetivo a conquistar. Matemáticamente hablando existen cuatro posibilidades (y es lo que se conoce como el dilema de la rubia): aniquilar al enemigo y que él no te aniquile (ligar con la rubia); no aniquilar al enemigo y que él no te aniquile (ligar con otras chicas, menos con la rubia); ser aniquilado por el enemigo sin poder aniquilarlo a él (ligar con otras chicas y que uno de tus amigos se ligue a la rubia) y aniquilarse mutuamente (no ligar).

Si aplicamos esta teoría a la realidad de Grecia, son obvias las personas que representarían a la rubia y a los cuatro amigos.

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Evidentemente la rubia no sería otra que la Canciller alemana, Ángela Merkel y los cuatro amigos, además de Tsipras, son: Matteo Renzi, primer ministro italiano y quien se ha ofrecido de mediador entre Grecia y la Troika; Jean-Claude Junker, presidente de la Comisión Europea y Mario Dragui, presidente del Banco Central Europeo. Aunque añadiría también a François Hollande, presidente de Francia, quien junto a Renzi apoya los planes de Bruselas para disolver a la troika. Todos ellos socios o cómplices en impulsar y apoyar las políticas de austeridad dictadas por Alemania.

Pero hay otra teoría de juego que aplica a los dos grandes protagonistas de esta historia: "el dilema del prisionero". Este enunciado señala a dos prisioneros. La policía sabe que cometieron un robo, pero no tiene prueba de ello. Como lo que quiere es que confiesen su delito, decide interrogarlos por separado para intentar que se traicionen mutuamente. Se pueden dar tres situaciones: ambos permanecen leales y la policía no puede acusarlos de robo; ambos se traicionan y la policía los acusa, cayéndoles una condena por igual a cada uno o uno traiciona y el otro no, lo cual lleva al prisionero que no traicionó a la máxima condena y al que se chivó se le reduce la pena por colaborador.

¿Qué deben hacer Ángela Merkel y Alexis Tsipras? Si Merkel cede (traiciona), Grecia recibe su dinero pero sin los sacrificios de recortes que le exige. Si no cede (no traiciona), corre el riesgo de que el euro se rompa y no recibir la devolución del dinero que ha prestado. Si Tsipras cede (se chiva), recibe el dinero que le hace falta, pero incumple con su promesa electoral. Si no cede (permanece leal), cumple con su promesa, pero corre el riesgo de quedarse fuera del euro y sin liquidez.

La situación se complicaría para Merkel si el próximo noviembre, España da un giro radical en su política y el electorado eleve al poder al partido afín al de Tsipras. De lo que se acuerde entre Grecia y la troika dependerá que Merkel mantenga el timón de Europa. #Angela Merkel