Hoy, a las 12 del mediodía, ha tenido lugar el comienzo del tradicional debate sobre el Estado de la Nación. El presidente, Mariano Rajoy, abre el debate y se dispone a dar un discurso subjetivo y para nada autocrítico, tal y como se espera de este tipo de intervenciones.

Rajoy, desde la tribuna rememora el día de su investidura como presidente del gobierno “Aquél día, les dije que un país en el que cada 24 horas se destruyen miles de empleos no puede permitirse vacilar”, “Nos propusimos detener la sangría del paro, estimular el crecimiento y favorecer la creación de empleo, esas fueron nuestras prioridades”. Recordemos que el Partido Popular, hizo justo lo contrario de lo que prometió en su programa electoral, a eso, por ahora, no se ha referido el señor presidente.

“En nuestro Estado de la Nación no existían perspectivas de crecimiento” sigue recordando el presidente del gobierno. Los comienzos, asegura (refiriéndose a la herencia recibida de mano de los socialistas), no fueron fáciles, “la caja estaba vacía y la deuda crecía vertiginosamente”. “No se confiaba en nuestra capacidad para devolver los préstamos, existía riesgo de quiebra y podríamos haber llegado a salir del euro”.

Era sin duda, un panorama desolador, clama Rajoy. En mi opinión, casi tan malo como el de hoy, aunque en estos momentos de incertidumbre política, el presidente no puede permitirse ser objetivo si aspira a ganar de nuevo las elecciones generales.

Dice, que hemos conseguido una recuperación económica sin haber renunciado a nuestra soberanía, aunque buena parte de la ciudadanía tenga la impresión de que somos siervos de Alemania, y ser servil no tiene nada de soberano.

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Mariano Rajoy continúa su poético discurso asegurando que “han sido años muy duros para todos”, aunque podría haber añadido que, como siempre, para unos más que para otros. Cuenta inocentemente, que los ciudadanos han recuperado la esperanza según él, porque se puede apreciar el crecimiento económico.

Aportaré otro punto de vista, un poco más objetivo, pues, aunque el presidente pretenda articular su discurso acerca de la creación de empleo y basándose en los datos macroeconómicos, lo cierto es, que ese aire de recuperación del que alardea, no llega a la ciudadanía de a pie.

Más bien podríamos decir, que la esperanza procede de la aparición de nuevas formaciones políticas que proponen caminos alternativos, como pueden ser Podemos o Ciutadans. Pero eso, el Partido Popular, no va a reconocerlo jamás.

Sin duda el punto álgido del discurso introductorio ha sido cuando el dirigente popular, ha alabado las políticas de recortes y las reformas estructurales que ha realizado su gobierno.

Según nuestro máximo mandatario nuestra economía crece mes a mes por primera vez en años y asegura que, “Las familias y las empresas han recuperado la confianza y su capacidad para consumir e invertir”. Sinceramente, no se sabe aún en qué planeta vive nuestro presidente.

Mariano Rajoy advierte que solamente, “si no torcemos el rumbo” y cumplimos con nuestro compromisos para con nuestros socios europeos, las cosas no harán sino mejorar. Solo han bastado unos minutos para comprender que su discurso giraría en torno a la autoalabanza y el falso optimismo que abandera nuestro gobierno para su campaña electoral.