Si hace tiempo nossorprendíamos con el fanatismo religioso llevado a la extravagancia de Kirk Cameron, famoso hace un cuarto desiglo como el díscolo Michael Seaverde la serie americana Los problemascrecen, que poco antes de acabarla ingresó en Cristianos Renacidos, quiso impregnar la serie de sus nuevascreencias y obligó a los productores a expulsar de ella a una actriz por posardesnuda en Playboy, y ahora esmiembro de un poderoso grupo religioso ultraconservador, que ha sido elegido enlos Premios Razzie como Peor Actor delaño por la inefable comedia SavingChristmas (Salvando a la Navidad), ¿cómo no nos va a sorprender lo que hapasado con la nueva asignatura de Religión del Gobierno Rajoy?

Uno ya ha dejado deser creyente, pero respeta las creencias religiosas, sobre todo si son coherentes y nollegan a degenerar en intolerancia, como hizo la Inquisición y ahora haceEstado Islámico, dos de los peores ejemplos, que provocó la primera y provocael segundo miles de muertos. Por ello no comulgo (ni literalmente ni en sentidofigurado) con esa pretensión de que si no crees, jamás serás feliz, ni en otras ideas que han sacado ahí.

Lo peor de todo esque a la Conferencia Episcopal lesparece poco. Aún hay en la Iglesia española nostalgia por elnacional-catolicismo franquista, incluso por la Inquisición, lo que motivabaque España se negara a mantener relaciones diplomáticas con Israel, que acusabacasi de genocidio a la propia Inquisición y para ellos, Torquemada fue el Adolf Hitler del siglo XV.

Y no hablemos de suobsesiva condena del laicismo, que viendo un país como Francia, con unademocracia laica desde 1905, pero con respeto por las ideas religiosas de cadauno, a su lado la España que esta Ley parece desear y añorar no tendría nadaque envidiar al Irán de los ayatollahs.

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Tendría entonces que, igual quedespreciaba a Israel, despreciar a Francia, boicotear sus productos, negarse aviajar allí, llamar a consultas al Embajador en Paris y ordenar a los españolesresidentes allí que abandonaran el país y volvieran a España, como se hizo enel siglo XVI por parte de Felipe II, amenazando a los españoles que no sefueran de países “herejes” (dereligión protestante) con la excomunión y el “destierro perpetuo”.

Muy mal hanplanteado esta Ley.

Y luego se quejan de la “leyendanegra”, no sólo por la Inquisición,sino por que aquella siniestra institución religiosa fue el pretexto de Napoleón para la invasión de 1808,vamos, como lo de George W. Bush enIraq, aunque con tiranos diferentes en cada país.

Si aquella invasión y el Dos de Mayo fueran hoy mismo, Israel apoyaríaa Francia, y Steven Spielberg notardaría ni dos años en hacer una película como La lista de Schindler, en donde como aquella, contaría con pelos yseñales cómo eran maltratados los judíos españoles por sus compatriotascatólicos, que veían a Napoleón como a su salvador (o su nuevo Mesías), como losamericanos cuando desembarcaron en Normandía.

Hay religiosos yreligiosas que hacen, hicieron y harán un trabajo heroico, generoso, elogiabley respetable de verdad. Un trabajo que de verdad capta el espíritu de losEvangelios, de lo que Jesús predicaba. Pero quedan eclipsados por el mal hacerde los altos dirigentes de la Iglesia, nostálgicos de un poder absoluto en latierra que Jesús rechazaba por mundano. 

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