Grecia vive en las últimas semanas numerosas manifestaciones en las que apela a su soberanía nacional y orgullo patrio como respuesta a la imposición de políticas por parte de organismos e instituciones europeas durante los últimos años. Los resultados de las recientes elecciones celebradas en Grecia dieron la mayoría a un gobierno de unidad nacional del que forman parte dos partidos con grandes diferencias ideológicas, SYRIZA y ANEL, unidos por una misma concepción del modelo soberano. Varias encuestas publicadas durante los últimos días profundizan en un apoyo todavía más amplio a la postura griega en sus negociaciones con Europa, alcanzando niveles de aprobación próximos al 80%.

Lo ocurrido en Grecia viene a constatar una tendencia reiterada en otras ocasiones dentro del contexto europeo: la apelación a la soberanía nacional en momentos de crisis, ya sean de índole cultural, económica o de cualquier otro tipo. Sin embargo, el contexto de globalización en el que vivimos ha supuesto un cambio fundamental en los modelos de gobierno existentes.

En el caso de Europa, la respuesta ha sido la constitución de una unión paneuropea (UE) en la que los gobiernos de los distintos países han acordado una cesión progresiva de su soberanía. Actualmente la UE está una fase de transición, en la que las atribuciones de ciertas políticas, como ocurre en el sector de la pesca o en el agrario, son ya comunitarias.

La celebración de elecciones al Parlamento Europeo cada cinco años y la ratificación de ciertos tratados por parte de los ciudadanos de los diferentes países conforman los cauces democráticos del funcionamiento de la UE.

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Sin embargo, este modelo democrático presenta limitaciones muy claras.

De hecho, ninguno de los representantes de los tres órganos europeos en los que recae el poder legislativo comunitario (Consejo Europeo, Consejo de la UE y Comisión Europeo) son elegidos democráticamente a nivel europeo, sino que son los propios jefes de Estado de los diferentes países los que, directa o indirectamente, los eligen y deciden.

La tendencia del modelo comunitario llevará, en última instancia, a una Europa cuyo gobierno central recaerá en la Comisión Europea, y cuyas leyes serán propuestas y aprobadas en el Parlamento Europeo. Sin embargo este modelo presenta muchas incógnitas, tal y como su predisposición a un modelo excesivamente centralista, alejado de la realidad de los pueblos, y en el que las grandes potencias tenderán a una concentración mayor de poder para la toma de las decisiones, como ocurre actualmente con el eje franco-alemán.

En el otro extremo estará la escasa representatividad de un grupo numeroso de pequeños países, planteándose así un modelo de nuevas minorías. Grecia es el paradigma de este nuevo modelo europeo, un país inmerso actualmente en un concurso de acreedores bajo intervención exterior donde su población, cada vez más hastiada, clama soberanía. #Unión Europea